El Oriente antioqueño tiene la suerte aún no muy consciente de la apuesta política desde las artes, que claro y es una apuesta colectiva y personal que muta a esta posibilidad de resistir entre tantas montañas y un mundo en caos que no da tregua. Es cierto que el sistema y la misma privatización de las artes, de las obras, de la creación, trasgrede la politización de estos escenarios, pero es ahí en donde cantar, pintar, bailar, escribir, mutar de piel, cambiar la voz y gritar fuerte, es también un acto en resistencia, es decir, de subsistencia.

En el cono sur la palabra kilombo es utilizada para nombrar un problema, un lío, el desorden. En el corazón de la historia del continente americano, los kilombos fueron los espacios en donde se refugiaron los esclavos negros e indígenas que huían justamente del colonialismo; después de que entre los siglos XVII y XIX se diera la ola de migración forzada de habitantes del África Subsahariana a América, provocando la mayor trata de personas de la historia de la humanidad, 14 millones de personas sometidas a la esclavitud.

En el Oriente antioqueño, específicamente en La Ceja, la palabra Kilombo hace referencia a la banda musical integrada por la confrontación al sistema capitalista y sus estrategias, y el reconocimiento permanente a la resistencia de las inmensas “minorías”.

“Reconocemos la resistencia que tuvieron las poblaciones negras e indígenas en este territorio. Fue en los kilombos en donde intentaron conservar sus raíces y permitir la mezcla entre culturas, de sonidos, de músicas, de colores”, dice Jose Orozco, integrante y compositor de la banda.

En  2009, buscando la forma y el argumento de lo que sería la primera canción de la banda, para ese entonces llamada Pasaporte Caribe, nace Sin cerco, una composición inspirada en la realidad y en el espejo de la realidad reflejada en la película Crash (2004) que narra el encuentro de culturas en una ciudad como Los Ángeles y expone las tensiones que se generan cuando se juntan en un mismo espacio personas de diversas partes del mundo, con diversas formas de interpretar la vida. 

No podemos negar que históricamente ha sido la migración, la movilidad humana, la que nos ha posibilitado descubrirnos e interpretarnos como sociedades. Mutamos porque existimos y existimos para mutar, incluso es esa la descripción de la trascendencia. Y, aunque los cambios, las transformaciones son también una puerta al temor y la incertidumbre, es justamente el movernos humanamente, el migrar del pasado al presente lo que nos configura como personas, como universos humanos.

Y es bendito el tiempo que llega para quedarse en la inconformidad, en la pregunta, en la incomodidad, en el caos. Confrontar al sistema capitalista, a sus dominación y mecanismos de segregación social es confrontar las formas en las que nos quieren divididos, perdidas, desentendidas, conformes, calladas.

“Como banda nos cuestionamos mucho sobre las lógicas en las cuales vivimos, el sistema en el que estamos inmersos. Específicamente desde las letras – la música- hacemos resistencia, también porque somos una banda que existe para decir lo que quiere, no para conseguir dinero, y eso es justamente es lo que nos ha permitido seguir resistiendo”, comenta Laura, vocalista de Kilombo.

Nos quieren antagónicos, olvidadas, etiquetadas, segmentados. “Siempre nos han querido calificar de algún modo, el objetivo de las etiquetas siempre ha sido decir quién es mejor y quién es peor. Y la canción Sin cerco, más allá de denunciar la frontera, es denunciar el hecho de que nos categorizan para la competencia, para mantener en funcionamiento todo: el sistema”.

La constitución de las fronteras es la confabulación de intereses que trasgreden lo que nos habita como humanos. La categorización y conjunción de razas, nacionalidades, patrias, es una estrategia profunda e incompetente, es ese finalmente el kilombo (el lío) del mundo. Hemos nacido para trascender en ello, para cambiarlo, para refutarlo. El mundo es nuestro kilombo (el espacio) para resistir. Y el arte, la música, es el camino hallado por una banda para gritarle al mundo que:

No es latino ni africano, no es asiático es tu hermano, el color de la piel no diferencia al ser humano. Solo espero que algún día puedas entender la belleza de una negra piel y de unos ojos rasgados.

Kilombo (la banda) es un canal de fuga a las reflexiones de quienes le integran, una posibilidad de compartir la pregunta y la movilización de las ideas para migrar a ser unas sociedades cada vez más humanas, sin cercos.