En el encuentro Sensibilización para el trabajo articulado e interdisciplinario para el abordaje y orientación al migrante, realizado en la Universidad Católica de Oriente, conversamos con Betty Roca Hubbauer acerca de la migración, los derechos humanos, las fronteras y el papel de los medios de comunicación en estos fenómenos sociales.

Hubbauer es la Coodinadora de Psicólogas y psicólogos sin fronteras de Valencia (España) una organización no lucrativa de acción humanitaria cuya misión es asistir psicológicamente a personas que pertenecen a poblaciones o grupos marginados social, económica o culturalmente.

Como organización tienen una amplia trayectoria con la asistencia especifica a la población migrante, razón por la que estos aportes nutren y provocan reflexiones importantes para este especial acerca de movilidad humana.

¿Qué es la migración? 

La migración es el rasgo distintivo que nos constituye como especie humana. Es lo que nos ha permitido evolucionar, adaptarnos e incorporar nuevas capacidades genéticas en lo que somos como especie. En un escenario ya más moderno, las migraciones se han convertido en un problema, o se han problematizado en realidad por los estados porque implican desplazamientos de grupos humanos, sobre todo grupos humanos que están sometidos a vulneraciones de derechos.

En este momento hablamos de que las migraciones ya no son ese componente en el que yo decido establecerme en otro sitio o conocer nuevos escenarios, sino un escenario donde básicamente yo me muevo porque si me quedo en el sitio en el que estoy igual muero. Entonces, la migración, curiosamente que debería ser un derecho, se convierte en una falta de derechos porque no se me deja migrar pero luego también se convierte en una falta del derecho al no poder no migrar, que son dos cuestiones complementarias y contradictorias a la vez, pero que también es necesario mirarlas.

¿Por qué es importante hablar de la migración como fenómeno y no como un problema?

Porque eso implica para las lecturas, sobre todo de las sociedades de acogida, que ¿si es un problema por qué lo tengo que tener? Cuando en realidad nos deberíamos de plantear esa oportunidad que implica el encuentro de dos culturas, el encuentro de poblaciones diversas, el encuentro de comidas diversas, etc… Entonces necesitamos mirar las migraciones como ese punto de encuentro que nos enriquece hermosamente. Si miramos solo la problemática y asistimos a esos puntos grises y oscuros, estamos perdiendo esa importancia de generar movilizaciones y de seguir moviéndonos por el mundo, por qué no.

¿Socialmente, existen temores a la migración o a la condición del migrante?

En realidad, yo pienso que no hay ningún temor inicialmente. Lo cierto es que, hasta que ese fenómeno no se convierte en masivo y visible, y que tiene que ver además con una cuestión política, y en esa política la forma en la que se le va a narrar, las migraciones no son un problema, ni para la población de acogida, ni para la población que sale. Porque estamos hablando que igual yo salgo porque tengo que salir.

Hemos asistido a fenómenos migratorios en donde la gente se ha ido desplazando, intercambiando, porque además hemos hablado, hasta más o menos la mitad del siglo pasado, de migraciones fronterizas. ¿Por qué? Porque lo cierto es que los territorios en esos puntos o momentos, sobre todo de necesidades de trabajo, recibían ansiosos ese fenómeno migratorio porque era como esos trabajadores que yo necesito porque ahora tenemos -qué se yo- la cosecha. Entonces, esos fenómenos migratorios hasta finales del siglo pasado estaban completamente normalizados, eran esperados, tanto por los que salían como los que entraban, o los que recibían, no pasada nada, es lo que toca y es lo que corresponde.

En estos últimos años, sobre todo con este capitalismo rampante, hemos problematizado las migraciones como una forma de robar los derechos tanto para las poblaciones que salen, como para las que reciben; y controlarlas a través de ese miedo del que estabas hablando.

¿Cuáles podrían decirse y son los derechos que frecuentemente son vulnerados, o robados, tanto para la población migrante como para la receptora?

Es complejo pensarlo. Pero, por lo general el primer derecho que se vulnera, es el derecho a permanecer en un territorio de forma regular; y eso implica que yo tenga una identificación, que el Estado me reconozca, que el Estado sepa que estoy aquí, porque eso va a implicar que las políticas públicas se van a poner a funcionar o no. Si yo entro a un territorio yo tengo que avisar al Estado, y el Estado me tiene que dar una serie de garantías jurídicas para que yo pueda permanecer.

Muchas de las migraciones en los últimos años, incluido el fenómeno migratorio en Colombia desde Venezuela está limitado por esto. Entonces, se limita el acceso a la regularidad dentro de los territorios y eso va a ser el primer punto de partida en donde vamos a empezar a ver la vulneración de los otros derechos. Si no tengo un documento igual no puedo estudiar. Y, así, más y más y más. Ese es uno de los principales derechos que se limita porque tiene que ver con el control de las poblaciones y ese miedo que mencionábamos.

En todo el trabajo realizado por parte de Psicólogas y psicólogos y fronteras ¿han encontrado, quizás, un perfil o unas características específicas de la población migrante?

No. Tipificamos con base en los grupos sociales. Y, además los tipificamos como un recurso para poderles atender mejor, pero no nos interesa, además, generar desde la sociedad esas divisiones, estratificaciones y formas de mirar a las personas migrantes porque puede generar estigmatización. Lo hacemos internamente porque necesitamos saber qué es lo que pasa y cómo  vamos a abordar desde esas herramientas de la intervención psicosocial y de la salud mental, pero no perfilamos para fuera porque corremos ese riesgo.

En el caso del fenómeno migratorio venezolano, trabajando aquí en el Oriente con los compañeros y compañeras, hemos encontrado hasta 14 perfiles y podríamos seguir, porque eso nunca se va acotar, porque necesitamos saber más o menos cuáles son nuestras poblaciones para poder abordarlas. Pero no nos sirve en términos sociales porque si no los convertimos en ah los padres que migran con sus hijos y que nos los cuidan, etc…  Y a nivel social no es cierto ni saludable.

Entre las múltiples maneras de ver la migración, ¿por qué es importante abordar la migración desde una mirada interseccional, y feminista para este caso?

Porque estas nuevas situaciones de crisis y de emergencias complejas que se llaman y que son sostenidas en el tiempo, y que tienen que ver con la violencia estructural; precisamente por esa característica es que necesitamos abordar desde esa interseccionalidad, porque sino tenemos un abordaje diversificado corremos el riesgo de solo centrarnos en una cara del problema y no transformar la realidad para que esta cara desaparezca también. Entonces es una cuestión de agotamiento y falta de operatividad en la búsqueda de los recursos. Necesitamos siempre miradas interseccionales, transversales, que nos ayuden a entender esa complejidad de la violencia estructural, porque no estamos hablando de situaciones aisladas. El caso venezolano no es solamente que tengamos a una persona que ha cortado derechos a dicha población y por eso se están saliendo, hay un nivel de complejidad inclusive histórico-político, cultural, que determina lo que está pasando. Sin esa lectura, mis intervenciones siempre son pequeñas, reducidas y de poco impacto, porque el fin último es aspirar a la transformación social.

¿La migración es un acto voluntario o está condicionado?

Debería ser voluntario. Yo debería poder elegir a dónde quiero ir, cuándo puedo ir, cuándo quiero volver. En los últimos años, y en este tipo de fenómenos, esa voluntariedad desaparece y las migraciones se vuelven un acto de supervivencia, básicamente. Por eso hablábamos de las interseccionalidades, por ejemplo, si yo no entiendo también el impacto ambiental con todo lo que está pasando en Venezuela, no entiendo por qué la urgencia de salir de ciertos territorios en donde mi vida corre riesgo, entonces hemos dejado de hablar de voluntariedad.

De hecho, la única voluntariedad que podríamos ver está en esos que no llamamos migrantes y que son o los extranjeros o los turistas temporales que están, que no tiene categoría de migrantes, sino que responden a otros análisis que tienen que ver con clase, raza, etc…

 

Reconociendo el conflicto armado interno en Colombia, causante de desplazamientos forzados masivos y del exilio político como camino para la protección de la vida, ¿podríamos reconocerlos como realidades en el fenómeno de la migración?

Por eso la necesidad de hacer una lectura histórica. En cuanto al término refugiado estamos hablando de una estructura, de un estatuto que nos sirve en algún momento, pero que además responde desde una categoría muy particular, con un componente muy social, muy de clase. Por ejemplo, para determinar que yo soy un refugiado tengo que tener una serie de requisitos que tengo que cumplir: como mi vida está puesta en riesgo, denuncias, etc. Que si no lo hago, y además si no estoy amparada por una institución de defensa de derechos igual y no consigo el estatuto de refugiada.

Qué pasa por ejemplo con poblaciones rurales que las están matando y amenazando. Dentro de esa dinámica, ¿cómo un poblador rural puede acceder a un estatuto de refugiado?

Frente a ese estatuto, nosotros no es que hacemos la crítica, sino que miramos desde un componente histórico que en algún momento nos sirve pero que se ha quedado corto en estos nuevos escenarios. Viramos y necesitamos analizar con mayor delicadeza los escenarios actuales porque el estatuto de refugiados está dejando afuera a mucha gente que probablemente lo necesita más que otras. Que es duro tener que hacer estas diferenciaciones porque en realidad todas las personas deberían de estar protegidas, cómo hemos llegado al momento en el que tenemos que decidir, unos por otros. Y eso también da cuenta de la dureza de los escenarios actuales.

¿Cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación frente a este tipo de fenómenos?

Súper prioritaria. La responsabilidad que tienen los medios de comunicación es además de básica y central, tiene que estar pensada y articulada con los sectores que trabajamos en esta dinámica, porque lo cierto es que cuando yo como estructura que interviene directamente en mi día a día no tengo tiempo de contar lo que está pasando, aunque mi trabajo por una condición ética sea informarlo. Tendría que articularme para hacer eso que no sé hacer, que es contar, es decir con los medios; que finalmente es la forma en que yo sensibilizo, cuento, informo, genero esa conciencia de lo que está pasando.

Si los medios de comunicación no ven esa necesidad y no están alineados con ese principio de responsabilidad pues entonces igual y no van a encontrar como prioritario y van a buscar -qué se yo- información del corazón antes de contar lo que está pasando con un colectivo en particular.

¿Son los medios responsables en la construcción de imaginarios, para este caso de las poblaciones migrantes?

Pienso que la responsabilidad siempre tiene que ser compartida. Lo mismo con nosotras que hacemos intervención directa, porque si nosotras somos las únicas responsables de la salud mental eximimos por ejemplo al Estado de su responsabilidad. En ese escenario, si solo responsabilizamos a los medios de comunicación le quitamos la responsabilidad al Estado y también nos quitamos nosotras la responsabilidad. Lo que no me parece ni justo ni recurso válido de trabajo.

Necesitamos identificar que las responsabilidades son compartidas. Pero, evidentemente hay una dinámica mucho más flexible -porque es su campo de trabajo- que ustedes, los medios de comunicación deberían poner a funcionar de una forma mucho más rápida sobre estas temáticas.

Y las fronteras… ¿qué podríamos decir de las fronteras frente a las dificultades de acompañamiento humanitario y la responsabilidad de los Estados?

Nosotras como activistas, desde la defensa de los derechos de los migrantes, una máxima que llevamos adelante, siempre es lo primero que tenemos que derribar son las fronteras, porque las fronteras son esas construcciones abstractas basadas en el control de los territorios y de la población que además no responde a sus realidades. Por ejemplo, si pensamos en África, mucha de la conflictividad que se da en términos migratorios, porque ahí sí que tenemos una crisis compleja y además sostenida en el tiempo, que es una barbaridad, tiene que ver precisamente con las fronteras. Son fronteras artificiales que se crean desde esos protectorados que tienen que ver con el sistema colonial que no responden a la realidad y en donde se han juntado poblaciones que no tienen nada que ver y de repente son un Estado, y tienen que tener un sentido del patriotismo integrado cuando históricamente no tienen nada que ver.

Si pensamos por ejemplo en Latinoamérica, entramos también en un proceso de análisis colonial que nos ha determinado y nos ha marcado; porque lo cierto es que sabemos que las fronteras se han construido con base en esos intereses de quienes las delimitaron y demarcaron para el control de los recursos también.

Y luego, si empezamos a analizar la crisis migratoria venezolana, estamos marcadas también por esa frontera definida que marcan dónde están los recursos que luego son los que tengo que expoliar, y por qué tenemos tanta gente fuera.

Por eso volvemos al análisis de las categorías que tengo que ver para no solamente intervenir con la persona migrante desde una estructura aislada cuando hay una complejidad más allá.

Entonces, nosotras abogamos por la abolición de las fronteras. Porque además siguen al servicio de esos poderes que determinan luego la vida en la cotidianidad de las personas que nada tienen que ver con esas fronteras y a las que los Estados tampoco les están resolviendo la vida, ni les está respondiendo como debería.

¿Qué tendríamos que aprender como sociedades para comprender este fenómeno, para aproximarnos a la humanidad de estas realidades?

Es complejo porque lo cierto es que discursos aislados pueden entroncarse en un escenario mucho más complejo. Si yo les digo por ejemplo acuérdense de la empatía. La empatía en muchos casos, si no la tengo en una clave social la puedo confundir con caridad, y eso es un problema serio. Entonces eso de “hay que ser empáticos porque en algún momento los colombianos salieron, entonces toca recibir porque salieron”, en esa dinámica con solo este discurso lo que estamos haciendo es dándole en mensaje a la población de que estas dinámicas de violencia estructural son permanentes y que se van a repetir una y otra vez, entonces como se repiten vos tenés que ser empático. Por eso me preocupan los discursos aislados, así como muy armados y que son muy reduccionistas, muy simplistas, porque perdemos un análisis más rico que es el que en realidad necesitamos cuando miramos los fenómenos de este tipo.

En ese orden de ideas, miremos la complejidad de nuestras relaciones y de nuestras situaciones porque la migración nos hace vernos a nosotras como sociedades y necesitamos análisis más potentes para ser sociedades en las que nos cuidemos todos y todas desde la clave del derecho.