Una de la tarde del miércoles 4 de marzo del 2020. Casa de las Américas ubicada en la Plaza de Cibeles, en pleno centro de Madrid, España.

Me encuentro con Carlos Martín Beristaín, él es médico y doctor en psicología; además es  el comisionado de la Comisión de la verdad encargado de los testimonios de colombianos que viven en el exilio en diferentes lugares del mundo.  

¿Cómo es el proceso que adelanta la Comisión de la Verdad con los colombianos en el exterior?

Es un proceso para poder dar espacio a la gente que está por fuera de Colombia y que es invisible. Para dar un estatus al exilio colombiano, en medio de la invisibilidad. El exilio chileno y argentino son conocidos en el imaginario público, pero el exilio colombiano no.

El exilio colombiano lo estamos trabajando en 23 países y a veces países con lugares muy distantes como País Vasco, Madrid, Barcelona o Valencia. Entonces es un exilio muy disperso y con diferentes tipos de víctimas, nos encontramos desde líderes sociales, mujeres que huyeron para proteger su vida y evitar que reclutaran a sus hijos, jueces que estaban investigando casos de derechos humanos y salieron perseguidos, ex miembros de la guerrilla que los empezaron a ejecutar y salieron del país, ex jefes de policía.

Hay dos cosas claves: ¿Cómo recogemos las historias de Colombia que están por fuera del país? La historia de Tumaco está en Tumaco, pero también está en el Desierto de Atacama, donde hay unas favelas de afrodescendientes que llegaron desde Buenaventura y Tumaco, y también está en Washington o en Nueva Jersey, donde tienes gente que nos dicen que les duele Tumaco, que les duele su tierra, tener que haberla dejado y les duele lo que sigue sucediendo allá. Tienes una enorme fractura de esas historias y verdades que están por fuera, entonces como rescatamos parte de esas verdades y las ponemos a dialogar con las verdades que construimos y escuchamos en Colombia.

Otro punto clave también es como damos un estatus al propio exilio. ¿Qué es lo que le ha pasado a la gente después de salir? ¿Cómo salió? ¿Qué rutas tuvo que hacer? ¿Qué peligros sufrió? Hay una importancia para mí de visibilizar el exilio y como esto ayuda a hablar de estas cosas que es tan difícil hablar, porque las cosas duelen, porque la gente intenta dejar atrás esas cosas, porque se supone que el que se fue la pasó mejor, entonces no puede contar lo que ha sufrido.

Debemos hacer que esto sea un primer paso para la reconstrucción de la convivencia, que tu historia no sea una historia invisible, que no sea la historia del desprecio del olvido. Entonces este ejercicio que hacemos en distintos países, pues es un trabajo valioso para la reconstrucción de la convivencia.

La gente desde el exilio, sin duda, tiene muchos aprendizajes para la gente en Colombia. Lo que han aprendido en los países y quieren contarle a Colombia, entonces nosotros creamos puentes que pongan a dialogar y rescatar parte de estas historias invisibles desde una visión constructiva.

¿Qué es el exilio y cómo se diferencia con otras formas de migración o de desplazamiento humano, ya sea desplazamiento forzado o voluntario?

Una vez me dijo una refugiada, “el exilio es un no-lugar donde se te va muriendo el alma”. El exilio no existe en la consciencia colectiva, no existe en la historia del país, más allá del corazón de quien se fue o de la familia que quedó, o existe solamente cuando los exiliados o la gente que migró mandan plata y las remezas, pero de resto no son visibles.

El exilio hace que la gente tenga que dejar atrás todo, es una ruptura con tu propia vida. El desplazamiento también es una ruptura con tu vida, pero estás en un contexto en el que a pesar de que hayas cambiado de lugar, sigues hablando el mismo idioma, comes las mismas cosas, tienes el ambiente de la cultura que te protege, es como una casa que llevas siempre contigo. En el exilio no, en el exilio todo eso se rompe y la gente tiene que reconstruirse desde las cenizas, no desde los pedazos porque a veces no queda nada.

Yo he conversado con gente de la Unión Patriótica que sobrevivieron porque salieron del país, porque si no los hubieran matado, y que también me han hablado del sentimiento de culpa. Sentirse culpable porque tú sobreviviste y tus amigos o compañeros que se quedaron en Colombia no sobrevivieron. Creo que la gente tiene que deconstruir esa imagen de que quien se fue la pasó bien, tiene un carro, una casa y vive en un país mejor, porque al final las condiciones de vida de estas personas han sido muy duras.

El otro día tomando un testimonio de un sobreviviente de la época en que mataron a Héctor Abad Gómez, justamente en Antioquia, sus amigos lo sacaron y llegó a Londres sin saber nada, con una maleta que tenía un poco de ropa que no era de invierno, cuatro camisas, un pantalón, dos libros y el papelito para presentarle a la policía donde decía “pido asilo”. Eso da una dimensión, son detalles que te dan la dimensión de esas rupturas.

¿Qué hace al exilio una forma de victimización? ¿Cuáles son las principales afectaciones que puede sufrir una persona que sale del país en busca de asilo?

A una mujer en Costa Rica le preguntábamos ¿Usted cómo definiría el exilio? Ella nos respondía, “Mira, el exilio es un proceso de reconstruirse, no desde los pedazos sino desde las cenizas. De nosotros no queda nada”, y entonces a la líder social, al médico, al abogado que le ha tocado salir y dedicarse por años a lavar baños para poder ganarse la vida, para poder tener una casa o lugar donde vivir. Alguien en Estados Unidos me decía “en el exilio pierdes todos tus derechos, incluso pierdes el derecho a quejarte”.

Yo diría que el exilio es una ruptura vital y sobre todo es una salida no querida. No es lo mismo que te vayas de un país porque quieres, porque buscas opciones, aunque lo pases mal y sea difícil, que una cosa que te arranca.

También está el impacto de la ruptura de los vínculos, he conocido muchos hijos e hijas que me han dicho que no saben porque son británicos y colombianos, porque en la casa nunca le contaron. Sabían que en Colombia las cosas se pusieron mal, pero no el porqué.

Desde la Comisión de la Verdad ¿Hay algún estimado del número de colombianos en situación de exilio en el exterior? ¿Cuáles son los países donde más colombianos se encuentran en esta condición?

Según datos de Acnur estamos hablando de más de medio millón de personas que tuvieron que salir de Colombia por motivos del conflicto armado y eso evidentemente es un subregistro, solamente en Ecuador hay 66 mil personas con el estatus de refugiados colombianos y cerca de 200 mil personas que hicieron demandas de asilo. Lo mismo pasa en Venezuela, Canadá, España, es decir que ese medio millón es menos de lo que realmente es y no incluye, por ejemplo, a las segundas generaciones que han sufrido el impacto del exilio de sus padres, salieron pequeños del país o nacieron en el exilio.

En Venezuela ha habido aproximadamente 130 mil o 140 mil personas que huyeron de migración forzada a finales de los 90´s e inicios de los 2000, pero allí solamente tienes 8mil personas con estatus de refugiado, otra gente se ha quedado con otro estatus, con la cédula de ciudadanía Colombia – Venezuela.

Otros países que han tenido muchos son Costa Rica, Canadá y muchos demandantes de asilo en el Estado español. España ha tenido muchas demandas de asilo, incluso en los últimos años, pero muy pocos reconocimientos del refugio en el caso del Estado español. Por ejemplo, en el último año 25 mil colombianos demandaron asilo en España.

En Argentina tienes 500 colombianos con estatus de auto refugiado, pero tienes probablemente 3 mil o 4 mil que salieron por motivos del conflicto armado y se quedaron con la visa Mercosur que les permitió quedarse en el país. También hay gente que se naturalizó, tenían estado de refugiado en Costa Rica y después de unos años se naturalizó, entonces ya no cuenta en las estadísticas del refugio, pero no porque hayan retornado sino porque se han naturalizado del país de acogida.

Hubo momentos en los cuales el refugiado tenía que renunciar a la ciudadanía colombiana. Ahora hay posibilidad de tener doble nacionalidad, pero hubo momentos en Noruega o Suecia, en los años 80´s en los que el refugiado tenía que romper cualquier vínculo con Colombia, hasta su pasaporte o su ciudadanía.

¿Cuáles son los principales grupos poblacionales que sufren del exilio? ¿Hay alguna sistematicidad entre quienes deben salir del país en busca de asilo? ¿Qué hacían esas personas en Colombia?

Eso depende de las épocas. Hay gente que salió en el marco del estatuto de seguridad. Las políticas represivas de Turbay Ayala, la tortura, el cierre del espacio política, la criminalización del movimiento estudiantil y la gente que salió en esa época de movimientos políticos, estudiantiles, sindicales.

Dentro de su época el caso de la Unión Patriótica, a principios de los 90´s a la gente de la UP que no mataron tenían dos opciones: una era devolverse a la guerra y otros se fueron al exilio. Desde ahí tenemos un perfil más político, de alcaldes, senadores, militantes, sindicalistas. Tenemos también un perfil también de esos años, de la desmovilización del M-19, de Quintín Lame, de una fracción del ELN, del EPL, todo eso llevó a una integración de parte de su gente, pero también otra parte salió al exilio y se encuentran en España, Suecia, Canadá por la falta de condiciones de seguridad que tenían en Colombia.

Después del Caguán se produce el exilio masivo de otro tipo de población que son los campesinos, los afro descendientes, indígenas, que salen por las fronteras. Se van a Panamá, se va a San Cristóbal, o salen por Arauca. Ahí tenemos víctimas de la masacre de La Gabarra y otros hechos claves que salieron a Venezuela.

También la aplicación del Plan Colombia y todo lo que fue la parte militar de ese plan contrainsurgente que hizo que mucha gente fuera desplazada fuera de las fronteras. Entonces este desplazamiento masivo es de una población más ligada a la tierra, que vivían en lugares que se convirtieron en centro de disputa y víctimas de masacres. Esa violencia masiva expulsó a mucha gente de Colombia. Las masacres paramilitares, los secuestros de las Farc, etc… hicieron que otra parte de gente saliera.

Después de todo ese periodo, después de la desmovilización de los paramilitares, mucha gente fue saliendo por el grado de control de las Bacrim y esos nuevos grupos paramilitares. Ahí ya te encuentras con de todo, con el habitante del barrio al que van a extorsionar a pagar una vacuna y si no paga pues tiene que salir, y así me he encontrado gente en Chile, en España, o gente que huyó del reclutamiento de sus hijos.

Lo que hemos visto en el último tiempo es como el asesinato de líderes, la lucha por la tierra, de quienes luchan por la restitución de tierras u otros líderes más políticos como la gente de Marcha Patriótica, o los líderes que se quedaron por la erradicación manual de cultivos que se quedaron más solos frente al narco, frente a organizaciones armadas sin la protección del Estado, son personas que también están saliendo al exilio. Son parte de esos líderes asesinados, pero los líderes asesinados son la punta del iceberg y debajo de eso están los líderes desplazados y exiliados, y más abajo están las personas amenazadas y las zonas que están bajo control. Todo esto nos da una idea de lo que está pasando en la actualidad.

 

¿Cuáles son las principales barreras a las que se enfrentan los colombianos que se encuentran en busca de exilio en el exterior?

Uno: las condiciones de estatus para quedarte. ¿Con qué estatus te quedas? En principio en España te dan una tarjeta roja que te permite quedarte sin que te expulsen, después de seis meses puedes trabajar en algunas cosas y eso te da cierto camino. En otros lugares es más difícil, he conocido gente que ha renunciado al refugio porque es más complicado, tienen que hacer más papeles, están más inseguros con eso que si me quedo como trabajador normal y al cabo de dos años me dan una visa para quedarme.

La gente necesita seguridad, la tranquilidad de que se puede quedar y no lo van a expulsar y que puede empezar a rehacer su vida. El exiliado colombiano es del rebusque y te lo dicen las organizaciones que trabajan con migración forzada, exilio o refugiados: los colombianos son gente pila, que no están esperando a ver qué les dan. Son emprendedores, de estar viendo qué hacen y eso es una energía que tiene Colombia que es muy importante.

Muchas veces se tienen que enfrentar al estigma del colombiano: de narcotraficante, de trabajadora sexual y la discriminación o xenofobia que muchos de ellos nos cuenta y que tienen que padecer. La gente también va buscando redes de apoyo, saben que sus familiares están afuera, que otra gente del pueblo está allá, etcétera, y van buscando esas redes de apoyo.

También con muchas dificultades porque saben que hay actores armados y responsables que están afuera, que salieron principalmente por las fronteras. Yo me he encontrado gente en Chile que me ha dicho “es que nos hemos encontrado con el perpetrador. Nos lo encontramos en Ecuador, en Chile o en cualquier lugar.” Entonces el miedo no se termina con el exilio. La frontera y tener un estatus te da un sentimiento de protección, pero eso no elimina el miedo de la gente.

Por otro lado está el cómo integrarte a un país: el idioma, si están en un país que no habla el mismo idioma; o cómo te integras a una sociedad que no conoces, no conoces los códigos, no sabes cómo moverte. En el exilio los adultos se convierten en niños, y los niños en adultos. El niño al cabo de tres meses ya sabe ir a comprar el pan, tú no. Los niños y los adolescentes se convierten en el punto de referencia y los adultos pierden su papel, entonces también hay una crisis de roles, de dinámicas familiares.

Todo eso pasa en el exilio y sigue pasando hoy en día, más que todo en un contexto de políticas migratorias restrictivas. Hay una tendencia a la criminalización del otro que por eso me parece muy importante seguir trabajando sobre el exilio.

Esto no es una cosa que pasó en Colombia solo en una época o sigue pasando, tiene que ver con la consciencia de la humanidad y de los derechos humanos. Tiene que ver con las pateras en las que mueren los subsaharianos, tiene que ver con los que no dejan pasar a Estados Unidos o los que persiguen en la frontera con México; con la construcción de sociedades en las que la xenofobia, el señalamiento al diferente, en lugar de hacernos más diversos e integradores. Colombia se olvida fácilmente de como mucha gente fue a Venezuela a trabajar durante los años de la bonanza petrolera.

 

Tras la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno nacional y las Farc ¿Qué ha pasado con los colombianos exiliados o personas en busca de asilo político por fuera del país?  

Hay dos cosas que están pasando y que me parece que son muy graves. Una es como la falta del cumplimiento del acuerdo de paz genera desconfianza en la gente. La gente tuvo una vivencia de la paz más o menos de un año después de la firma, después de eso las cosas empezaron a empeorar y desde afuera también hay una visión muy crítica.

Están matando a los líderes, otra vez la gente de nuestras comunidades, los familiares llaman a decir que no hay condiciones de seguridad. Eso puede quebrar la esperanza del proceso de paz y ese sería el peor escenario. Hay que sostener esta esperanza de paz y hay que empujar en esta construcción de paz, y hay que ampliar este horizonte de paz en Colombia. No puede ser el horizonte de otro siglo u otros 20 años de más guerra y más pobreza.

Desde el exilio la gente ve que no hay condiciones. Hay gente que ha vuelto, en el marco del proceso de paz, regresaron a aportar su experiencia y su lucha en la reconstrucción. Ahora están tratando de recuperar su protagonismo, pero también en una situación delicada. Otros que iban a volver y no han vuelto porque las cosas se han vuelto peor.

Por otra parte, Colombia sigue siendo un país expulsor, todavía sigue saliendo gente a Ecuador, a España, y aunque las autoridades siempre tratan de ver todas esas cosas como migración económica o por busca de oportunidades, de todo menos una persecución política individual. El empeoramiento de las condiciones, el miedo generalizado en muchos lugares hacen que la gente salga no por una amenaza directa personal, que también se da en el caso de líderes,  sino también por unas condiciones invivibles en esos contextos. Si seguimos a este paso, Colombia va a ser el país con mayor cantidad de demandantes de asilo en Europa.

¿Cómo los colombianos exiliados en el exterior pueden aportar al relato del conflicto armado interno y al proceso de construcción de paz?

Hay muchas cosas que la gente está diciendo. Primero, con una verdad que ha estado oculta, es decir compartir esa verdad a pesar de que sea difícil hablar de lo que pasó, son dolores muy guardados en el exilio. Dolores que la gente ha tratado dejar atrás. Poder compartir esos dolores, poder hacer algo con esa historia de desprecio es fundamental, que la gente sienta que esa historia merece la pena. Hay alguien en Colombia que la va a escuchar, hay alguien del mundo que la va a escuchar. Eso es clave.

Creo que también es importante cuáles son los aprendizajes que tiene el exilio colombiano. Muchos exiliados han dicho que han aprendido a vivir en una sociedad diferente, han aprendido a no tener que preocuparse si oyen el ruido de una moto, a vivir sin miedo, a respetar al otro, han aprendido una cultura distinta, más civil, más democrática.

Hay lecciones para Colombia desde el exilio y las tienen muchas veces los exiliados. Cómo organizarse, cómo han tejido sus redes de apoyo y cómo desadaptarse a una situación de violencia que a veces en el contexto colombiano le toca para adaptarse a un contexto hostil. Entonces hay que gente que me ha dicho que pensaban que eso era lo normal, que vivieron toda la vida así y solo se dieron cuenta de que la vida no era normal cuando empezaron a vivir en otro país y en otro contexto.

Está claro que hay un choque cultural, pero también hay un aprendizaje de otras formas no mediatizadas por la violencia. Todo esto es un aprendizaje muy necesario para Colombia. Que un debate no se convierta en una agresión, cómo se trabaja con otras formas sobre los conflictos. Ahí hay aprendizajes muy importantes para Colombia y están en el exilio; los cuales la Comisión de la Verdad quiere escuchar, reconocer y también quiere ponerlos a que se escuchen en Colombia.

Agradecimiento a Carlos Martín Beristaín y al nodo Madrid de la Comisión de la Verdad