Una conversación sobre la ética y la economía del cuidado

Por: Ana María Carmona, Integrante de Colectiva Carmen

La Ética del Cuidado: Transformando paradigmas: La ética del cuidado tal, y como se estudia hoy en día, es un tema que surge y comienza a discutirse en términos académicos en la década de los ochenta del siglo pasado; en un principio como un complemento al estudio de lo que se denomina como la “teoría del desarrollo moral”, este discurso, que se ha convertido en un nuevo paradigma para las ciencias sociales, busca poner en un lugar central de la producción intelectual la importancia de la empatía, en la forma cómo nos relacionamos y se opone marcadamente a la idea del “individualismo autónomo”, que considera el hecho de que nuestra meta es llegar a ser absolutamente autosuficientes, sociedades individualistas, apelando a ello como un valor supremo. Esta idea, ha sido utilizada como un pretexto por quienes toman las decisiones en el contexto geopolítico global: en torno al gobierno “democrático” en el Estado y al capitalismo actual en el mercado, ha sido el discurso para fundamentar, por ejemplo, las decisiones que se toman bajo el Neoliberalismo, que es la forma actual en la cual los estados-nación (como el nuestro) producen sus políticas económicas, y de esta manera direccionan la sociedad.

La relación y la interdependencia entre los seres humanos son la red fundamental sobre la que se basa el tejido de la vida, nuestro accionar y nuestro posicionarnos en el mundo. Aunque creamos en la idea de que debemos aspirar a ser personas autosuficientes, productores de bienestar individual -sociedades atomizadas-; y, aunque realmente por disposición de nuestra naturaleza tengamos durante un periodo de tiempo de nuestra existencia individual esa autonomía: la juventud, la adultez plena; la realidad más profunda que encierra nuestra naturaleza humana es que venimos de la fragilidad y hacia ella, de manera inexorable, la mayoría de personas nos dirigimos: ningún ser humano puede desarrollar enteramente sus capacidades y su autonomía si en su primera etapa de vida no es cuidado por otro/otra, y cuando los humanos llegamos a la etapa de la vejez volvemos a necesitar, por diversos motivos, el apoyo, el cuidado de alguien más, para poder vivir bien. 

Foto: Colectiva Carmen

La feminización de la economía del cuidado y los estereotipos de género como el trabajo en cuidados no remunerado, que casi siempre se realiza para los familiares, es el que se suele incluir casi exclusivamente dentro de esta categoría, pero es muy importante tener en cuenta que el trabajo en cuidados remunerado también hace parte fundamental de esta economía, pues esta categoría encierra a todas las profesiones y oficios que se basan en la atención a las poblaciones que por diferentes motivos requieren de asistencia: niños y niñas -especialmente menores de 5 años-, personas con enfermedades crónicas-terminales, personas en situación de discapacidad o con capacidades diversas, personas de edades muy avanzadas, así como a los oficios de quienes se dedican a lo doméstico de manera remunerada: aseo a casas, instituciones, preparación de alimentos en diferentes contextos –restaurantes, comedores comunitarios y en el sector del turismo-. Este enorme listado representa una porción importantísima en la producción de riqueza del país, en la medición del PIB (Producto Interno Bruto), según lo que nos contaba una de las invitadas a nuestro conversatorio, representa el 20% anual, y todas estas tareas, oficios, trabajos que, en una inmensa mayoría, tanto a escala nacional como a escala global, son llevadas a cabo por mujeres. 

Dada la marcada división sexual del trabajo que en nuestras sociedades impera, el fenómeno de la feminización del trabajo remunerado en cuidados es un hecho fundamental que produce muchas consecuencias especialmente negativas para la vida de quienes cuidan, que como se señala, en su inmensa mayoría son mujeres, entre ellas es importante señalar lo siguiente: Inequidad en cuanto al tiempo dedicado al trabajo no remunerado (categoría que se mide por medio del instrumento “Encuesta Nacional de Usos del tiempo ENUT” del DANE); desigualdad de oportunidades en la formación académica -ya sea por falta de dinero o por falta de tiempo de dedicación exclusiva-; desigualdades en las posibilidades de ascenso en la escala socioeconómica con respecto a otras profesiones que están por fuera de esta economía y el incremento de la brecha de género en términos salariales, que también se considera como consecuencia directa de las diferencias entre oficios-profesiones que se encuentran dentro de esta economía, con respecto a otras.

A partir de este punto, comparto un resumen, resaltando los ejes temáticos que surgieron de la conversación, es importante señalar que dichos temas se abordaron en forma de preguntas diseñadas con anticipación y que, en el presente texto se traducen en apartados, ellos contienen partes centrales de las respuestas de nuestras invitadas. Específicamente, los temas abordados fueron: las diferencias entre lo urbano y lo rural en el ámbito del trabajo no remunerado, el problema de la redistribución y la importancia del diseño de políticas públicas para la transformación radical del lugar en que está puesta actualmente la asignación de los cuidados en nuestra sociedad, por parte del estado y del mercado.

Diferencias entre lo urbano y lo rural en el ámbito de la economía del cuidado, específicamente del trabajo no remunerado: La población que vive en áreas rurales presenta importantes desventajas con respecto a la población urbana en términos de dependencia de cuidado, especialmente de niños y niñas muy pequeños. Este resultado se relaciona con la mayor tasa de fecundidad en las mujeres rurales. Las mujeres en zonas rurales destinan más tiempo a labores de trabajo no remunerado. Este resultado se atribuye a la mayor exigencia de este tipo de tareas en el campo, debido a la falta de tecnología que facilite el trabajo doméstico y la menor infraestructura en términos de provisión de servicios (agua, energía, estados de las vías terciarias, transporte, entre otros) con respecto a las zonas urbanas. Las mujeres de bajo ingresos, especialmente las que viven en las zonas rurales, no disponen de infraestructura adecuada relacionada con la prestación de servicios: guarderías, centros de atención al adulto mayor y a las personas en situación de discapacidad; hospitales, centros de salud, entre otros… todos estos equipamientos colectivos se encuentran en la inmensa mayoría de los casos fuera del alcance de las familias que no viven cerca a los cascos urbanos o centros poblados.  

La redistribución: una solución posible al problema de inequidad dentro de la economía del cuidado. Es posible y es urgente rediseñar la forma en cómo se distribuye la carga de trabajo de cuidado no remunerado que tienen en su gran mayoría las mujeres, entre los diferentes agentes: familia, Estado, comunidad y mercado, que es lo que algunas autoras denominan como “El diamante del cuidado”. Las tareas de trabajo doméstico dentro del hogar se pueden realizar entre hombres y mujeres, lo cual supone superar una serie de barreras relacionadas con los estereotipos de género, donde ciertas actividades de cuidado se suponen femeninas. La distribución del trabajo no remunerado por fuera del hogar, es la tarea pendiente que el Estado tiene que reconocer y asumir como su responsabilidad, porque, de hecho, existen estructuras familiares donde no es posible que las cargas del trabajo en cuidados se disminuyan;  hay hogares donde solo existe un adulto que provee cuidado -hogares con madres cabeza de familia, por ejemplo-, por tanto no hay con quien compartir las responsabilidades, y en los que además, no se tienen suficientes ingresos para acudir al mercado del cuidado remunerado como manera de suplir esta enorme necesidad.

Foto: Colectiva Carmen

¿Por qué es importante pensarnos el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado como un problema de política pública?: Básicamente, porque de ello depende nuestro bienestar; la posibilidad real de un “Buen Vivir” como personas y como comunidad. Entre las tareas pendientes, tanto por parte del gobierno como de los ciudadanos, se encuentran: 1. La urgencia del diseño de políticas públicas encaminadas a retribuir el trabajo no remunerado y redistribuir las cargas de cuidado entre los diferentes agentes del sistema económico. Se debe analizar cómo las responsabilidades de cuidado están distribuidas entre los cuatro agentes (la familia, el Estado, el mercado y la comunidad) al cuidado de niños y niñas, de personas con enfermedades crónicas, de ancianos, de personas con capacidades diversas, y de cómo se pueden redistribuir para combatir la inequidad. 2. La necesidad de mejorar los salarios de quienes se dedican a este sector económico, poner el cuidado de la vida en el lugar que corresponde, como centro del proyecto político del Estado y no como periferia. 3. La Importancia de decidir bien quienes nos representan en los escenarios políticos, en las esferas que toman las decisiones sobre hacia dónde vamos como sociedad, reconocer que necesitamos una verdadera transformación y, sobre todo, actuar, en la medida de nuestras posibilidades, para lograr esas transformaciones.