Seguiremos presentes

Por: María Paula Ochoa.

Quemaremos lo que sea necesario; seguiremos, hasta que la dignidad y la vida sean derechos de nacimiento para todas las mujeres. Seguiremos, por las que están, por las que no están y las que peligran. 

El ocho de marzo de 2021 hacemos memoria y gritamos por las vivas y las asesinadas por el sistema patriarcal y su alianza criminal con el capital. Denunciamos este caos sistémico nunca abstracto ni lejano, y exacerbado en la pandemia reciente, en el gobierno de turno y su apuesta clasista, racista y negligente con las necesidades de las mujeres, su apuesta por la negación e invisibilización del conflicto que habita la generalidad y, especialmente, las periferias del territorio. En Colombia, no sólo vivimos la feminización de la pobreza, tambiénla feminización de las víctimas del conflicto social, político y armado, profundamente vigente. Este ocho de marzo, llevamos espacialmente el nombre de las firmantes de la paz, y de aquellas mujeres cuyas historias figuran en los 6.402 casos de ejecuciones extrajudiciales y todas las que no figuran en la cifra pero fueron ultrajadas en sus derechos fundamentales, y a las que les arrancó la vida un conflicto que las utilizó/a como botín de guerra, un Estado que las tortura por el hecho de ser mujeres, por rebelarse, que las secuestra como prisioneras políticas. 

Denunciamos y hacemos visible en el Oriente antioqueño, el ensañamiento de los feminicidas, violadores y asesinos, contra las niñas. Seguimos gritando el nombre y clamando justicia por Sofía Henao Gallego, de 18 meses, María Ángel Molina, de cuatro años, Michel Yulieth Lara García, de 12 años, Yuliana Samboní, de siete años, y todas las niñas y las mujeres a las que les han arrebatado la vida los feminicidas, el patriarcado y el Estado que no garantiza condiciones de vida y dignidad para las mujeres. Manifestamos además que seguiremos luchando y reclamando por el derecho a la vida libre de violencias, a decidir sobre nuestras cuerpas, por los derechos y el reconocimiento de las mujeres trans, por la regulación del trabajo no remunerado de las mujeres; por la Interrupción Voluntaria del Embarazo sin restricciones, por el acceso a la justicia y a la tierra para las mujeres rurales; por la desmitificación del amor patriarcal; por la memoria histórica de las mujeres en reivindicación de nuestros derechos, por el reconocimiento de la lucha de las mujeres en la preservación de las aguas y la defensa de los territorios; por la paz, la justicia social, la reparación y las garantías de no repetición de la historia de las mujeres en el conflicto armado del Oriente antioqueño.

Declaramos que las mujeres de esta región somos las nietas de las brujas quemadas, y las que no pudieron quemar. Somos las hijas de las negras libertarias, revolucionarias, que trenzaron en sus cabezas sus propios caminos. Somos las hermanas de las aguas que no pudieron represar, somos olas grandes que rugen en digna rabia y cargan la sed de la vida. Somos las herederas de las indígenas que no conquistaron, las que combatieron las colonias y se enterraron despistando al enemigo y compartiendo su legado. Somos las piedras preciosas que no se funden, las mariposas que vuelan entre continentes, guiadas por aires violetas y verdes que pintan los cielos de esta actualización de la historia. Siendo tantas, somos incluso las quemadas, las no liberadas, las muertas, las represadas, las conquistadas, las asesinadas, las silenciadas. Y ante tanto, frente a todo somos las hijas del fuego, somos la herencia de la madre política, y quemaremos todo lo que sea necesario en nuestro propio favor. Porque nos declaramos desde siempre y para siempre, vivas, sin miedo y presentes; presentes; presentes, a pesar de la muerte. EO.

Archivo gráfico: ClanDestinx Fanzine