Mujeres del Río

Por: Andrés Felipe Restrepo

“A mí me echaron del colegio porque quedé en embarazo y los maestros y el director decían que yo podía perjudicar a las otras niñas.  Me dolió mucho porque yo quería seguir estudiando, mi meta era salir adelante, ayudar a mi familia”

Eyinelsi Asprilla

Eyinelsi Asprilla tiene 24 años, pero al contar su vida parece una mujer mucho mayor. Aprendió que, en ocasiones, es más importante quien te pueda dar para comer a quien te proporcione cariño. Es oriunda de la comunidad de Pogue sobre el Río Bojayá. Pero la vida la ha puesto a andar por Colombia para buscar otra oportunidad o, para salvarse de la vida misma. En Bojayá, Tumaco, el Río Caunapí, Quibdó, Bogotá y San José, aprendió a trabajar  como empleada doméstica, o cajera en un Super Giros, aunque también supo que era  trabajar en el mundo de los cultivos de coca en el sur del país, como cocinera de los raspachines; hoy junto a su compañero pasa sus días entre la pesca y las labores del hogar.

Se siente obligada a permanecer en su relación; su situación de vulnerabilidad la ha llevado a generar una dependencia, principalmente económica de su compañero, realidad que no solo vive Eyinelsi. En Colombia, principalmente en el sector rural, muchos hogares tienen como proveedor socioeconómico al hombre, y las mujeres, aunque se dedican a la economía del cuidado, no obtienen por ello ninguna remuneración, lo que  sucede es un perpetuó sometimiento que cercena su capacidad de decisión, su autonomía, no solo de independencia económica, sino de todos los aspectos de su vida. 

“Él era un hombre mayor que yo, yo tenía 13 años y él 22. Mi relación con él fue obligada, yo no quería, porque yo estaba enamorada de otra persona. Y pues, como esa persona a mí no me daba pues… Usted sabe que uno a veces coge los novios y son cosas de niños …Y yo de ver tanta y tanta cosa;que mi papá cuando me venía la menstruación y no me podía ni comprar la toalla, yo de ver que él sí me lo daba, me metí con el muchacho. Entonces pues ahí ya sin querer, estuvimos la primera vez. Y en mi primera vez, quedé en embarazo”.

Decisiones que traen sus consecuencias y que, a golpes, le ha enseñado la vida.

“Nosotros vivimos en Pogue como 4 años. Y en Carmen del Darién en Domingodo vivimos 3. Y entonces, él me pegaba mucho. Él se iba a tomar y cuando llegaba, los tragos los descargaba sobre mí. Cuando yo lo denuncie, él quedó muy ofendido conmigo. Fue al colegio e intentó robarse a la niña. Y pues entonces yo le hice dos denuncias a él, por maltrato y por lo que hizo  del robo con la niña. A mí se me murió un niño de un añito, era de él también. Tenía año y un mes. Dicen que fue un tío de él, hermanito del papá quien lo ahogó. Por envidia”.

Eyinelsi, aprendió a huir; aprendió a vivir sola y a sobrevivir. Siempre con la cabeza en alto. Aprendió que la vida le pone obstáculos constantemente. Es como si la vida le hubiera enseñado que ni siquiera amigas puede tener. “No me gusta reunirme, no me gusta que digan: vos dijiste, o sea, que me estén averiguando cosas, no me gusta; porque, por ejemplo, usted ve cuando aquí en el campo, cuando ven 4 o 5 mujeres reunidas están o dicen que están haciendo chismes, nunca piensan que estamos hablando de cómo pasó uno la niñez, nunca piensan que recordamos todo lo que vivimos cuando éramos niños”.

Afortunadamente tiene un pequeño tesoro que le enseñó a aferrarse a la vida, y es el amor por su hija de 8 años. Esa pequeña por la que no pudo estudiar más, pero que hoy la hace seguir adelante. “A mí me tocó duro. Porque, por ejemplo, estaba mi hija estudiando y yo estudiaba en la noche y cuando, en la noche a veces no tenía con quien dejarla, me tocaba llevarla al colegio y era muy maluco. Más todavía me exigían una copia a mí y se la exigían a ella, yo no podía comprarla para mí porque primero estaba mi hija, o sea, la primera opción siempre será ella”.

Fotografía: Eyinelsi Asprilla. Autor: Andrés Felipe Restrepo.