Auténticas lideresas

Por: Alejandra Morales

¿Cuántos insultos, señalamientos, amenazas y crímenes de odio, tienen que pasar antes de dejarnos vivir la vida que soñamos?

Chica trans.

La población sexualmente diversa es también conocida como la comunidad LGBTIQ+ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transgénero, Transexuales e Intersexuales) esto, por mencionar algunos, porque cada día se suman más y más letras a esta sigla que agrupa a un sinnúmero de personas con gustos sexo- afectivos diferentes a los establecidos por la heteronorma, sin desconocer a todxs aquellos que prefieren no ser encasillados en ninguna de estas, pues lo que se busca más bien es, reconocer y resaltar los diferentes procesos y luchas que han tenido que batallar cada una de las personas con gustos que trasgreden, pasan la línea y se salen del molde, si de autodescubrimiento, resistencia y amor se trata.

Hoy, en pleno siglo XXI, temas como género y diversidad sexual están más vigentes que nunca, ocupando agendas en temas políticos sociales y culturales, pues, las mal o bien llamadas “maricas” no se han quedado quietas y cada día van ganando espacios de los que nunca debieron ser excluidas.

Actualmente, en el Oriente antioqueño existen diferentes grupos conformados y colectivos diversos, que buscan e idean diferentes estrategias, no solo para su reconocimiento sino para ayudar y beneficiar a la población en general; es aquí donde cabe resaltar la lucha, resistencia, compromiso y trabajo de algunas mujeres trans del Oriente. Pero, antes de ello, invito a preguntarse:¿Qué es eso de ser mujer? ¿Qué es una mujer trans?  Desde décadas atrás, se ha limitado el concepto de mujer al sexo biológico; dejando de lado; otras formas posibles y existentes de ser mujer. Una mujer trans, más que apariencia física es una fusión de cultura, género, identidad, diversidad, activismo, lucha, franqueza y resistencia; que no puede ser comprendida y analizada desde la mirada médica y científica, ni mucho menos religiosa y moral, sino, desde aquella que ve un cuerpo que es atravesado por diferentes elementos de la cultura y la sociedad, un cuerpo que entra en proceso de autodescubrimiento y posteriormente de cambio, en un contexto de odio, discriminación y no aceptación.

Es por ello que cada una de estas identidades y cuerpos son símbolo de autenticidad y perseverancia, que bajo ninguna circunstancia pueden ser sometidos a seguir cánones estéticos o estar sujetos a imaginarios de lo que es y hace una “mujer”; porque, sus cuerpos no solo son  un instrumento de transformación  sino, su medio para estar en constante descubrimiento y construcción, lo cual les ayuda a reafirmar y potenciar sus identidades haciendo de su tránsito un traje único y perfecto para cada una de ellas. Un ejemplo claro son Zamira, Diana, Alexandra y Alejandra, mujeres trans de la región, comprometidas con sus territorios, con una visión clara y contundente de los riesgos que representa mostrarse tal cual son en este espacio donde aún existe gran parte del legado patriarcal, además, de un sesgo  hacia las nuevas posibilidades y diferentes formas de ser mujer. Aun así, no han escatimado esfuerzos en tejer redes para fortalecerse y ser la voz de aquellas que no quieren, no pueden o ya no están.

Dentro de este contexto y desde el ámbito de  la Gestión Cultural, se han venido buscado diferentes estrategias, medios y espacios para aportar a la pedagogía social alrededor de las identidades y los cuerpos de mujeres trans en el Oriente antioqueño, descubriendo el rol tan importante e indispensable que cumplen estas cuatro mujeres en su territorio. Cuerpos erguidos, miradas profundas y pronunciadas sonrisas son el arma más contundente que tienen para comunicar y articular procesos que les permite moverse a través de diferentes canales y medios, para llevar ese mensaje claro y conciso de que están para quedarse y que ni la misma muerte es algo que les genera temor.

En el afán por descubrir y conocer más de estas mujeres, en el mes de febrero realicé un recorrido por algunos municipios del oriente antioqueño y al caminar en compañía de Zamira Riso Mejía por San Luis -un pueblo que por años lo azotó la “chusma”-, chiflidos van y vienen; al parecer no es muy común ver en el parque principal a una mujer trans morena de ojos achinados, cabello negro y grandes caderas. Quizá sea falta de costumbre o también una forma de llamar su atención. Sin embargo, esto no la toma por sorpresa, ni mucho menos la desestabiliza emocionalmente, porque su seguridad le ayuda a luchar, a pesar de no haber nacido en esas tierras, no solo por sus derechos, sino por los de muchos sanluisanos.

Algo muy diferente sucede en el municipio de Cocorná, a Diana Marcela Gómez Martínez la saludan por donde pasa. Esta mujer que mide un metro con 86 centímetros de estatura, es delgada, de ojos saltones, de cabello rubio y trabaja incansablemente por la visibilización y la construcción de espacios para el diálogo y el aprendizaje continuo. Las bases sólidas y el apoyo familiar que tuvo desde su niñez, hoy hacen de ella una mujer segura y empoderada que no se deja intimidar por nada ni por nadie. 

Luego, al llegar a la Jerusalén del maíz, ni el frío proveniente del páramo de Sonsón impiden que Alexandra Cardona Saldarriaga se ponga sus vestidos de manga corta y camine entaconada por las empinadas calles. Ella es una mujer que rompe todos los esquemas, su particular forma de ser llama la atención y se roba una que otra mirada; es extrovertida, descomplicada y muy afectuosa, no le importa el qué dirán; es una muer mujer trans que defiende a capa y espada en su municipio, la diversidad sexual y de género; además,  no conozco otra mujer que tenga tanta claridad de palabras y conceptos al momento de referirse al gran abanico de posibilidades que existe en la diversidad sexual.

Finalizando mi recorrido en la Parcela Inmortal de Antioquia, Argelia de María, entre esmaltes, limas y cortauñas, me encuentro yo: Alejandra Morales Carmona.

Trabajo desde muy temprano en la labor de embellecer las manos de mis clientas, que más que eso, son amigas que depositan su confianza en mí para para esmaltar sus uñas a las que yo veo como un lienzo;lienzo que me permite plasmar sin atadura alguna lo que soy, lo que siento y lo que me representa. Soy una mujer delgada, de cabello largo, sonrisa pícara y ojos grandes; no me asusta montarme en una moto de alto cilindraje, de hecho es mi mejor compañía. También soy Gestora Cultural en formación de la Universidad de Antioquia y en los últimos años me he dedicado a descubrirme y de paso a luchar por los derechos que al igual que a mí, les han arrebatado a muchas desde muy niñas.

Aunque en estos municipios aún resulta difícil concebir y reconocer la legitimidad de nosotras como mujeres trans, es algo que no nos importa, por el contrario, es una razón más para seguir con paso firme. Al capítulo y los argumentos de que somos enfermas, desadaptadas y demonios hace mucho rato se le han acabado las páginas.

Así como Zamira, Diana, Alexandra y Alejandra (yo) hay otras mujeres trans en los demás municipios del Oriente antioqueño que vienen liderando, desarrollando y participando de diferentes procesos en pro de la visibilización, el reconocimiento y la empatía para con ellas y la población sexual e identitariamente diversa; por ello, este escrito hace un llamado a que nos identifiquen, nos reconozcan, se acerquen a nosotras y a nuestras historias; a que  se den cuenta del rol tan importante que cumplimos en cada espacio al que llegamos, aferradas a las ganas de vivir, de ayudar y de servir, con el deseo latente de que a todas las mujeres trans se nos permita tener un tránsito amable y sano; que cesen los crímenes de odio para que podamos  caminar libres y tranquilas, siendo felices y brillando como lo que somos; auténticas mujeres.

Collage: ClanDestinx Fanzine