En Malpaso, luchan justos por pecadores

Por: Joaquín.

‘Justicia social y ambiental’, una incansable consigna que en Colombia, y particularmente en el Oriente antioqueño, cobra cada vez mayor relevancia por la memoria de las luchas campesinas y pueblerinas con relación a las tarifas de servicios públicos, la privatización de acueductos comunitarios y las desmedidas injusticias evidenciadas en despojos y formas de movilidad humana que favorecen ideales de desarrollo, desarraigando tradiciones, como es el caso de los proyectos hidroeléctricos y las distintas problemáticas que traen como consecuencia.

“Desde la vereda Malpaso, municipio de Granada, ¡no queremos más hidroeléctricas!”, son las palabras que expresan al unísono las personas que conforman la Junta de Acción Comunal de esta vereda. Y es que el Oriente antioqueño, como sabemos, es un oasis de aguas cristalinas que así como recorren paisajes y atraviesan montañas, también llevan consigo historias y relatos de familias que forjan tradiciones y experiencias, traducidas en comunidades fortalecidas que se complementan con el entorno; con el sonido de los pájaros, los destellos de las luciérnagas, los colores del firmamento y las siluetas de los “morros” a lado y lado, cuando la noche o la madrugada se disponen a extasiarnos con sus poses en presunción de grandeza y belleza. Y sumo en lo que coinciden doña Blanca y doña Nelly, una, Presidenta y la otra Secretaria de la Junta de Acción Comunal de Malpaso cuando manifiestan que: escuchar los animalitos libres, tirar baño, hacer sancochos comunitarios y pasarla bueno en el río, es en definitiva una de esas muestras de perfección rural.

Sin embargo, sabemos que no siempre todo es tan perfecto, y me temo que son demasiadas las ocasiones en las que, sobre todo por dinero o falaces ideales de progreso, intereses lucrativos acechan para entorpecer las realidades campesinas que perviven a pesar de coexistir en un sistema institucional que no mira a la ruralidad, a menos de que necesite destruir la montaña poniéndole concreto o turbinas metálicas que desdibujan la tranquilidad natural y desplazan el rugir de los animales.

“Pagan justos por pecadores” es un refrán repetido en los tiempos y aplicable a la situación de Malpaso, pues hay un poder burocratizado que se pavonea entre entidades, instituciones y empresas, ‘pordebajeando’ y anulando las voces de campesinas y campesinos, quienes no han tenido mayor pecado que existir, como siempre lo han sabido hacer, cultivando la tierra y conservando la vida del territorio.

Sin permiso comunitario, la constructora INGY TOP S.A.S llegó a la vereda Malpaso con la pretensión de realizar una pequeña central hidroeléctrica (PCH). Ante la confusión y preocupaciones de la comunidad al reconocer a integrantes de dicha constructora como ‘muchachos forasteros’, algunas personas se dieron a la tarea de buscar respuestas del porqué y qué estaban haciendo en su territorio. Así, entre llamada y llamada, se encontraron con una noticia nada alentadora: querían  imponerles un proyecto hidroeléctrico, y aunque en las primeras especulaciones se mencionó que estas personas hacían parte de la Corporación Autónoma Regional, Cornare, finalmente, se concluyó que era una empresa que buscaba adelantar estudios de viabilidad para la Pequeña Central Hidroeléctrica – PCH El Tabor, y aunque lleva el nombre de esta vereda, veredas como Malpaso, El Tabor, El Edén, Quebradona Arriba y Quebradona Abajo serían afectadas por el proyecto, según la comunicación de la empresa a la Junta de Acción Comunal, el 15 de marzo del 2019. 

Con gran zozobra y falta de claridades, sumando la llegada de documentos impresos que anunciaron etapas de socialización de la PCH El Tabor (después nombrada PCH Granada) -la cual se ubicaría en el río Tafetanes, sector Malpaso-, la comunidad decidió enviar derechos de petición a Cornare y a la empresa INGY TOP S.A.S, exponiendo el descontento con la forma poco transparente en que se llegó a esta vereda, y solicitando mayor información de las intenciones por intervenir el río, además de que se tuviese en cuenta su voz colectiva en contra de los proyectos hidroeléctricos en esta zona. ‘Casualmente’, ambas respuestas, tanto la de la empresa como la de la autoridad ambiental se fecharon el 9 de julio de 2019.  Despierta curiosidad e  intriga el hecho de que en la respuesta entregada por Cornare, se cita exactamente las palabras utilizadas en las consideraciones expuestas por la constructora: 

‘En documento de respuesta enviado por el Representante Legal de LG INGYTOP S.A.S, se advierte que (…) “…También es necesario dejar en conocimiento de la Corporación Autónoma Regional para las cuencas de los Ríos Negro y Nare – Cornare, que se ha recibido apoyo de gran parte de la comunidad de la vereda Malpaso, evidencia de esto, es que se han realizado contrataciones con personas de la zona de influencia para desarrollar estudios, el personal profesional que se desplazó a la zona y que debió alojarse y alimentarse allí, lo hizo en casas de la zona de la vereda, donde nos alojaron con buena disposición y ayuda (…).

Como dice doña Nelly, “es una falta de respeto que Cornare se atreva a responder que atender y prestar servicios amablemente, como toda buena campesina lo haría, es estar de acuerdo con un proyecto hidroeléctrico que lo que hará es destruir el territorio”.

Con esta situación, por medio de la Junta de Acción Comunal, la comunidad de Malpaso emprendió la búsqueda de soluciones para lo que nombran una amenaza, y encontraron alianzas con personas y procesos de experiencias ya vividas que les permitirían seguir tejiendo una resistencia colectiva para defender su territorio. Tal es el caso de Yohana, una vecina de la vereda La Merced, también en Granada, quien en uno de los sancochos comunitarios realizados en pro de la defensa del río, expresaba no querer más hidroeléctricas en el municipio afirmando que “en mi vereda hay una PCH, -la PCH Calderas- y ha afectado mucho, tanto a los cultivos, como a la gente; río abajo prácticamente el río es muerto, entonces yo digo que eso afecta tanto a la fauna como a las personas, los cultivos y la economía de los municipios. No quiero más hidroeléctricas en mi municipio”. Estas palabras alentaron la necesidad de seguirse organizando, y por ello, permitir la reflexión en un recorrido territorial convocado para la realización de dos murales que, según cuenta doña Blanca, fueron borrados cinco días después. ‘Aguas intocables’ y ‘Aguas para la vida, no más hidroeléctricas’ son dos frases que no todas las personas de la vereda Malpaso compartieron, ya que también hay quienes están de acuerdo con el proyecto y como se conversa en la Junta de Acción Comunal, posiblemente taparon las frases para que al día siguiente, en una visita de Cornare, no se pudiese evidenciar el descontento mayoritario y comunal.

Es claro que la comunidad de la vereda Malpaso es de esas colectividades campesinas que no sólo se atreve a hablar, sino que además se enfrenta a un sistema que quiere anularle; sin embargo, como lo muestra esta comunidad  desde el 2019, la defensa del territorio es imparable y lo saben.