Manifiesto de un Oriente por la vida

Por: Organizaciones del Oriente antioqueño.

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Los justos, Jorge Luis Borges

Dice el artículo 2º de la Constitución, que son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño, en el marco de la conmemoración que hace el mundo el 10 de diciembre Día Internacional de los Derechos Humanos, nos preguntamos de 2020 desde El Carmen de Viboral, ¿cuándo será que el gobierno actual va a aplicar la Constitución?, ¿cuándo va a aplicar por lo menos este segundo artículo de la Carta?, ¿cuándo nos van a preguntar a los habitantes del Oriente antioqueño y de todas las otras regiones de Colombia qué tipo de desarrollo queremos para nuestros territorios? ¿Cuándo va a facilitar la participación de todos y todas en las decisiones?, ¿cuándo va a empezar a trabajar para que convivamos pacíficamente?, ¿cuándo su gobierno y las fuerzas armadas y policiales van a protegernos a todas y todos los que vivimos en Colombia? O ya que solo interesan los temas económicos, ¿cuándo es que va a promover la prosperidad general? Y la respuesta que hemos obtenido hasta ahora es que nada va a hacer este gobierno mediocre que tiene por política la omisión. Nada va a hacer porque
el “aprendiz de embrujo” está en el poder, porque de todos los buenos muchachos que rodeaban al No. 1087985, sólo él garantizaba la obediencia y la subordinación completa, la completa estulticia y la completamente nula generación de ideas propias.

Como sabemos que no nos van a preguntar qué es lo que queremos para nuestros territorios, pues para el gobierno de turno su trabajo se reduce en tener a gusto a 3 o 4 banqueros, unos cuantos industriales, unos pocos terratenientes, unas cada vez más numerosas mafias politiqueras que se están tragando el Estado y supuestamente orientan a las fuerzas militares para que asesinen y desplacen a la gente humilde de Colombia, y entonces premiar a las manzanas podridas del ejército, la policía y a sus hijos no reconocidos: los paramilitares.

Como no nos van a preguntar cómo soñamos vivir en nuestras veredas y municipios, en nuestros territorios y regiones, hoy les vamos a decir cómo:

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño queremos vivir en paz. Una paz en donde quepan todos y todas; una paz negociada, no una paz armada. Una paz en la que no sea delito manifestarse, disentir, opinar, protestar, pensar diferente, vestir diferente, sentir diferente; no queremos vivir en esta falsa paz en donde los guerrilleros, los paramilitares, las bandas criminales y los delincuentes organizados controlan cada centímetro del país con la anuencia de las autoridades y los gamonales políticos de cada región. 

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño decimos no más guerra, y exigimos al gobierno que no ataque más los acuerdos de paz, que deje trabajar a la JEP, que proteja a los firmantes y sus familias, que proteja a los líderes y lideresas, defensores y defensoras de los derechos humanos, de todas las regiones. Le exigimos al gobierno que respete los aportes internacionales para la paz y se siente de una vez a negociar con el ELN.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño no queremos más jóvenes asesinados porque el gobierno nacional y las administraciones locales no tienen políticas laborales claras y oportunidades educativas y formativas efectivas para quitarle los jóvenes a las bandas delincuenciales. Es hora de prestar toda la atención al cuidado de la vida y de generar las condiciones culturales y económicas para que el microtráfico y la cadena del narcotráfico, no siga haciendo de las suyas con lo mejor que tenemos en el territorio: nuestras juventudes.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño no queremos más violencia contra las mujeres. Que se detengan los feminicidios ¡ya! Exigimos del gobierno nacional y de las alcaldías locales mensajes claros en el sentido de proteger la vida e integridad de las mujeres; que su compromiso no se quede en el discurso y en las palabras incluyentes; exigimos que sus actos las reconozcan como sujetos de derechos. Hoy le decimos al gobierno nacional que no queremos “NI UNA MENOS”, que exigimos que se acabe por fin el machismo de estado que no quiere entender que el mundo cambió y las mujeres tienen capacidades únicas y derechos iguales. Queremos que cese la violencia hacia nuestro cuerpo y los cuerpos feminizados, hacia nuestra integridad física, mental, social y sexual. Queremos dejar de ser juzgadas por las decisiones que tomamos sobre nuestros cuerpos y que sea este, nuestro primer territorio, donde podamos explorar con plenitud y libertad lo que se nos ha negado por tanto años. Reivindicamos y honramos las luchas de todas las feministas en la historia, pero reconocemos que ayer, tal como hoy, se nos silencia con violencia cruda, censura y muerte.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño exigimos que las autoridades, sobre todo a los agentes de la Policía Nacional, respeto por la población LGTBI y exigimos campañas masivas de educación para que las comunidades cambien su mirada sobre esta población en riesgo crítico por el ocultamiento y silenciamiento consciente de que son víctimas por una cultura que no quiere salir de sus esquemas conservadores ultramontanos.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño exigimos al gobierno nacional respeto por la vida de los líderes y lideresas sociales; exigimos que las autoridades militares y de policía cumplan con sus funciones y les cuiden, les protejan, que no actúen de manera omisiva dejando que los delincuentes de todos los extremos les asesinen, cuando no es que la misma autoridad les silencia para luego cobrarlos como falsos positivos, revictimizando su dignidad, mientras las comunidades a las que pertenecen quedan huérfanas, llenas de miedo y de rabia. 

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño exigimos respeto a la vida de los defensores y defensoras de los derechos humanos y garantías para su labor. Esta no es una exigencia pequeña pues las comunidades de esta subregión entendemos que todos y cada una de las personas que componen esta Colombia que se desangra por la desidia y la indolencia de sus autoridades, tiene la obligación y el derecho de convertirse en cualquier momento en una defensora o defensor de derechos humanos.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño, le planteamos frontalmente a CORNARE que no queremos más hidroeléctricas, ni PCHs, ni minería en nuestro territorio. El Oriente ontioqueño tiene una vocación verde, ambiental, agrícola, campesina y por lo tanto, la visión desarrollista-economicista-extractivista no cabe en nuestro territorio. Le decimos igualmente al gobierno que no mate nuestros ríos, que los deje libres; exigimos el respeto al agua como bien común de la vida. Exigimos que no contamine nuestro aire y el de nuestros hijos, le pedimos que no encemente nuestro verde; que entienda de una vez que no es solo nuestro futuro el que está en juego, es el futuro de la humanidad el que estamos arriesgando con cada inversión extractivista que no considera al medio ambiente, y pasa por encima de la naturaleza. No estamos pidiendo más información sobre los proyectos, simplemente no queremos más proyectos extractivistas que destruyen la naturaleza del Oriente antioqueño.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño exigimos mejor educación y gratuidad desde el primer año de colegio hasta el último semestre de la universidad. La educación es la garantía mínima para que algún día hagamos realidad la democracia que soñamos; la garantía para que se acaben las violencias que nos destruyen desde los hogares en forma de violencia intrafamiliar, de género, infantil…

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño no queremos más policías abusivos. No queremos más persecuciones por pensar distinto. No queremos más estigmatización por ejercer nuestro derecho a la manifestación y a la protesta. No queremos la extranjerización de la tierra; no queremos más descampesinización.

Los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño entendemos la situación de afugias del sector salud en orden a lo laboral del gremio y al desmantelamiento del sector; por lo tanto, exigimos del gobierno central un compromiso serio para garantizar los derechos laborales de este gremio y el derecho a la salud de toda la población. No es suficiente la seguridad democrática armada para sacar el país adelante; la seguridad que nos va a llevar a vivir en paz es la seguridad social y la solidaridad humana: que el gobierno entonces garantice salud, vivienda, educación y oportunidades de trabajo digno ¡ya!

Señor Presidente, son muchas las tareas que deja pendientes mientras se dedica a defender delincuentes como su jefe, los banqueros involucrados en Odebrecht, los Char, los Pulgar, al señor Martínez Neira, los Ramos Botero, y todos los demás. Mientras se dedica a defender, respaldar y proteger a policías asesinos como los que cometieron la masacre del 9 de septiembre en Bogotá, o a los soldados que violan y matan niñas y niños; mientras se dedica a entregar el país a las multinacionales y a los bancos; mientras le sube los impuestos a la clase media y se los baja a los poderosos, algunas tareas se quedan sin hacer, como la restitución de tierras y el retorno de las víctimas que salieron desplazadas por la muerte y la guerra en el Oriente de Antioquia; las instauración políticas de atención humanitaria para la población migrante y en situación de extrema vulnerabilidad -en particular de los hermanos venezolanos ante lo cual el Estado Nacional ha guardado un silencio cómplice con manifestaciones xenófobas que no pueden seguir prosperando en nuestro territorio regional-; el establecimiento de una Renta básica para que las personas en la recuperación de la economía puedan seguir accediendo a los servicios de salud, alimentación y educación; el hacer efectivo el derecho a la expresión y a la libre protesta de los pobladores de los territorios, en particular de los colectivos culturales juveniles, el establecimiento de circuitos económicos cortos como el de la compra local, por la sostenibilidad de la cultura y de la economía campesina en particular… Pero, usted no está haciendo la tarea que el pueblo reclama; usted no es el presidente de los colombianos, usted es el encubridor de quienes posan de honestos por tener unos pesos robados o por hacer parte del Estado.

Y, mientras tanto, los grupos armados al margen de la ley merodeando y realizando actividades públicas que pueden ser controladas por la fuerza pública estatal. La corrupción se campea y en muchos casos es invisibilizada en los escenarios de lo público municipal, departamental y nacional.

Hoy,  más que siempre, en el marco de la conmemoración Internacional de los Derechos Humanos, los habitantes de los 23 municipios del Oriente antioqueño le decimos SÍ a la paz, SÍ a la vida, SÍ al diálogo, SÍ a la democracia cierta, aquella que se construye desde la base, con y para las comunidades.