Ellas siempre han estado: las marchas en Perú

Por: Martín Carrasco Peña, desde Perú

“Los momentos de tranquilidad eran cuando disparaban gas lacrimógeno”, comenta Karina. Desde la avenida Abancay, el sonido de los tambores fue superado por el disparo de las bombas lacrimógenas y el vuelo de los helicópteros. La ciudad se cubría de blanco y las voces más firmes gritaban a los más asustados: ¡No corran! ¡No corran! Protegidas por máscaras y cartón pegado al cuerpo, ellas iban conteniendo a la multitud para que nadie retrocediera. Las marchas tienen sus reglas: espacio retrocedido por la gente, espacio ganado por la policía. Y ahí estaban ellas ¿De dónde habían salido? 

Foto: El Txuz Perú.

Fue un lunes 9 de noviembre que sucedió lo que nadie se esperaba: habían destituido al presidente Martín Vizcarra por presuntos actos de corrupción. El escenario no era nuevo, las intenciones de vacancia habían sucedido y fracasado tantas veces que lograron que la gente normalizara una herramienta legal que fue diseñada como un recurso extraordinario en la Constitución peruana.

— Había un señor que vendía DVD y ese tipo de cosas. Entonces, yo tomo la imagen y veo que a Vizcarra lo habían vacado. Yo seguía contando los votos, pero a Vizcarra ya lo habían vacado, ya se había llegado a los votos.

En el Perú basta con conseguir un número determinado de votos en el Congreso para poder destituir a una persona del cargo más importante del Estado. Karina se encontraba en la tienda de su hermana, una artista plástica a quien califica como apolítica. La reacción pareció ser unánime en la galería donde se ubica la tienda; las personas paralizaron su andar, sacaron sus celulares, compartieron noticias, dejaron de comprar y preguntar precios. El virus había desaparecido, aunque la vacuna aún estaba lejos de llegar. De pronto, una voz resume lo que todos ya habían pensado: “¡Hay que salir a las calles!” Y Karina no podía creer que fuera su hermana, la apolítica.

Foto: El Txuz Perú.

Chiara se encontraba en la casa de su prima aquel día de la vacancia, Marcela no había salido de su casa desde que empezó la cuarentena obligatoria dispuesta por el gobierno. Ninguna, nadie había previsto el escenario. El Perú aún se encontraba en proceso de sobrevivir al virus sin ser derrotado por el hambre y el desempleo. La pandemia nos ha situado como uno de los países más golpeados en la región y en el mundo, pero también ha sincerado la debilidad de nuestro sistema. Los números que habían dejado de estar en rojo en nuestra economía eran un engaño; nuestro superávit sólo parecía existir si manteníamos los caños cerrados para educación y salud.

Las consecuencias las hemos pagado, nuestros más de treinta mil muertos hablan de nuestro fracaso. Es ese el escenario en el que un Congreso, con una de las aprobaciones más bajas entre las instituciones públicas, se atrevió a vacar a un presidente que, a pesar de los errores evidentes en su manejo de la pandemia, contaba con una alta aprobación, justamente por su enfrentamiento al mismo Congreso que terminó por sacarlo del poder.

Foto: El Txuz Perú.

Desde las nueve de la mañana, Karina estuvo en la Plaza San Martín -plaza histórica en cuanto a espacios de concentración para manifestaciones políticas-. Llegó con amigas con las que nunca había estado antes en una marcha. Había poca gente. A unos metros de ella, y sin conocerse, estaba Chiara. Ambas forman parte de ese grupo de jóvenes entre veinte y treinta años a la que la socióloga peruana Noelia Chávez ha designado como la “Generación del Bicentenario”. 

Karina tiene 24 años y es estudiante de ciencias políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La presencia e importancia política de esta universidad en la historia del país es de larga data; por fruto de ello ha sufrido reiteradas clausuras. El testimonio de su peso político ha quedado reflejado en las obras de Vargas Llosa con Conversación en la Catedral, en las antimemorias de Alfredo Bryce Echenique o en las entrevistas a Martín Adán. Pero, la presencia de la política en Karina viene de antes.

Foto: El Txuz Perú.

— Yo vengo de una madre política que sí ejerció bastante la política. Ella trabajó como coordinadora de la marcha de los 4 suyos, en esa época. Entonces, yo sí crecí en un ambiente bien político. En mi anuario de sexto de primaria figura que quiero estudiar ciencias políticas.

La marcha de los 4 suyos, como se conoció a la manifestación en contra de la segunda reelección de Alberto Fujimori, fue una de las más importantes en la reciente historia política del Perú. Simbolizaba el vencimiento del miedo ante un gobierno que mandaba a comprar lo que le incomodaba y mataba al que osaba tener principios. 

— Por un lado, tenía a mi mamá que era como progre, por así decirlo, en esa época; y por otro lado, tenía a mi papá que era totalmente lo opuesto: fujimorista al mango; y yo, estaba en el medio.

Foto: El Txuz Perú.

El fujimorismo es una pieza clave para entender la estructura social y política del país. El sistema actual del Congreso del Perú es heredero de él, el tipo de sujeto social que lo compone se debe a su estructura, la Constitución que permite con tanta facilidad derrocar a un presidente es su Constitución, producto del golpe de Estado que dio en 1992. Es más, toda la crisis política actual se origina cuando la hija del exdictador Fujimori, ahora en prisión, se negó a aceptar la derrota en las elecciones presidenciales de 2016 ante Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Posteriormente, sus congresistas, con mayoría en el Congreso, intentaron vacarlo.

La historia de cómo se salvó de la vacancia la conoceríamos luego, cuando vimos los videos en donde se negociaba los votos que salvarían al entonces presidente Kuczynski a cambio de la libertad de Alberto Fujimori, dirigido por su otro hijo político: Kenji Fujimori. Esto terminaría con la renuncia de PPK al cargo y la aparición en escena de su vicepresidente Martín Vizcarra, quien no tardaría en verse enfrentado al Congreso. El final de ese enfrentamiento terminaría con Martín Vizcarra disolviendo constitucionalmente el Congreso de la República y convocando a nuevas elecciones.

El problema es que sin una reforma política, esta acción lo único que pudo lograr fue cambiar de actores, pero no de guión. En efecto, el nuevo Congreso vió disminuida la presencia del fujimorismo, pero los nuevos ingresantes tenían su propia agenda que entraría en conflicto con la del ejecutivo. Esta agenda incluía el control sobre el Tribunal Constitucional, impedir la reforma educativa universitaria y facilitar proyectos ilegales como la minería informal, el tráfico de tierras, entre otros.

Foto: El Txuz Perú.

Es ese el fujimorismo que abraza la familia de Chiara, de 29 años. Su familia, a quien califica de extrema derecha, se ubica en el sector A/B de la economía peruana. Sus estudios escolares los realizó en el Hiram Bingham, uno de los diez más exclusivos del Perú. ¿Qué lleva entonces a alguien de padres fujimoristas y de extrema derecha a salir a marchar? 

Dos momentos vienen a su mente mientras recuerda. El reencuentro a los dieciocho años con una amiga del Hiram Bingham que terminó en Los Reyes Rojos, un colegio de clase media en Lima que tiene como nombre el título de un famoso poema del poeta peruano José María Eguren. Este colegio tiene una propuesta educativa alternativa; digamos: de sensibilidad social. El reencuentro con esta amiga, cuando ya era estudiante de sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (una de las universidades más caras del país), motivó en ella nuevos intereses. Su primera marcha sería precisamente con ella y contra PPK, por quien había votado años antes. Su segundo proceso sería un viaje a Italia que duraría tres años, donde conocería y formaría amistad con gente de distintos distritos de Lima, de clases sociales que jamás podrían pagar una mensualidad del Hiram Bingham.

Marcela tiene treinta y dos años, es de clase media y sus padres son fujimoristas. Al menos su madre y el esposo de su madre. Marcela viene de padres separados “nadie me enseñó ni a amarrarme los zapatos”, me comenta. Estudió en diversos colegios; el motivo no deja de ser interesante “tenían miedo de que mi abuela me vuelva a secuestrar para llevarme donde mi papá”. Su interés por la política empezó hace poco. No es el único cambio, años atrás también se besó por primera vez con una mujer, poco después se acostó con una. Su bisexualidad es un episodio que su madre sabe, pero no comenta. Fingir que no existe algo que incomoda ha sido la estrategia del Perú para afrontar sus problemas.

Pasar la página, como pedía uno de los congresistas que votó a favor de la vacancia que costó la vida de dos jóvenes. Por ello es por lo que la batalla por las memorias es una consigna muy importante en un país que opta por olvidar lo que en el fondo no se puede olvidar. La memoria sobre lo sucedido durante las marchas es precisamente una nueva batalla.

Foto: El Txuz Perú.

“Sólo éramos unos cientos, no estábamos haciendo nada” y de pronto empezaron a disparar. La gente estaba calmada, sentados en la plaza esperando ver a la gente llegar que no llegaba. “¿Por qué nos atacan si no estamos haciendo nada?” le reclamaba una amiga a Karina. 

Después de aquel martes había quedado claro que la represión iba a ser más violenta de lo usual. Ese mismo día, Manuel Merino había juramentado al cargo de presidente y salió con unos lentes negros que parecían augurar su forma de gobierno. El estilo del dictador al menos lo tenía bien trabajado.

La primera marcha nacional fue convocada para el jueves 12 de noviembre. Chiara se había organizado con Marcela y estuvieron desde las cuatro de la tarde. Karina se concentró en el local feminista de Casa Bagre. Las bombas y los heridos empezarían después.

— El jueves, lo peor que pasó fue el helicóptero que bajó en plaza San Martín y comenzó a tirar gas. Lo peor es que no salía humo, pero de la nada todo el mundo comenzó a vomitar. No sabíamos qué hacer y había un policía motorizado que se cayó porque se sentía mal, y se cayó con todo y moto, y la gente lo ayudó.

El testimonio de Karina es compartido por Chiara y Marcela. Aquella noche se reportó que fueron millones en las calles de todo el país; el miedo estaba ahí, pero ya no paralizaba. Las bombas lacrimógenas empezaron desde temprano, las calles se habían cubierto de un humo blanco que impedía observar el terror más adelante. La gente sangraba, vomitaba y caía en las calles, pero en los canales de televisión la noticia era que el cajero automático de un banco había sido destruido.

La consigna era bastante conocida, se trataba de criminalizar la protesta. “Yo no lo procesaba en ese momento” me comenta Chiara “lo que hice fue prepararme para el sábado”. A Marcela le costó dormir “me hubiera gustado que alguien de mi familia me preguntara cómo estaba”.

Ese mismo jueves empezó a circular por las redes un video de lo que en ese momento se pensó que era el primer asesinado del régimen de Merino. La noticia fue desmentida poco después. Sin embargo, el muchacho del video estaba en cuidados intensivos.

Todas coinciden en que el sábado 14 de noviembre, el día de la segunda marcha nacional, la represión había sido mayor, mucho mayor. ¿Cómo era posible? Un gobierno asustado había legitimado el uso de la fuerza, una policía maltratada salarialmente hacía catarsis contra la población que debía defender. Los heridos iban aumentando.

— El jueves llegamos a la intersección de Piérola con Abancay. Era bomba tras bomba, fácil descansaban unos cinco minutos y luego volvían. Había momentos en los que ya no podías respirar por cuadras.

Chiara ya había sido gaseada en anteriores marchas, pero esta era la primera vez que veía ese grado de ferocidad. “Mis ojos se pusieron blancos, tuve que vomitar, me hallaba encerrada entre las calles” me comenta Karina.

— En una esquina, escondido, me encuentro con un policía con su arma que me estaba mirando. Entonces yo me he quedado cara a cara con él y me asusté mucho y lo único que hice fue levantar las manos, empezar a retroceder y sólo lo miraba como diciendo “no estoy haciendo nada”. Retrocedí, me di la vuelta y me fui corriendo.

Marcela hace un breve silencio cuando lo recuerda, “me escribieron: la única salida es por el Sheraton, sal ya”. Esa noche la marcha cobró sus primeras vidas en Inti Sotelo y Bryan Pintado.

Foto: El Txuz Perú.

— Inti pasó por mi costado, ahí me di cuenta de que la cosa fue pendeja. Yo ya había socorrido a un pata que tenía una herida; yo tenía bastante gasa en mi mochila, toda la gasa que yo le puse se mojó. Cuando yo vi mi mano y la veo toda llena de sangre también dije: ¡mierda! Me acuerdo que levanté la mano, vinieron los paramédicos y se llevaron al chico. Y justo cuando estoy alejándome un poco para Azángaro lo sacan a Inti. La gente que lo vio ya sabíamos que había pasado algo grave porque el pata estaba amarillo. Entonces fue bien feo y no dejaban de disparar y sólo escuchaba disparos y disparos, minutos interminables de disparos. Entonces, tú sabías que, así como él, había más gente solamente cubriéndose con cartón.

Aquella noche ninguna durmió. Karina tenía activada su ubicación en el celular junto con la gente de su brigada durante ocho horas y veía cuáles compañeros aún estaban en la marcha. Chiara organizaría una rifa junto a activistas y artistas para recaudar fondos para los heridos. Marcela no dormiría tampoco esa noche, ni las siguientes.

El domingo, después de confirmadas las muertes de Inti Sotelo y Bryan Pintado, Manuel Merino de Lamas renunciaría a la presidencia. La marcha más grande que ha tenido el Perú tuvo que perder dos vidas para que su reclamo sea escuchado. Muchos participaron, muchas estuvieron ahí. ¿Tuviste miedo por ser mujer? No, me responden todas.

El periodista Marco Avilés ha destacado de estas manifestaciones la participación de diversos segmentos de la población, muchos de ellos subestimados, invisibilizados o caricaturizados: universitarios, k-popers, tiktokers, indígenas, barras de fútbol y feministas, entre otros. Vale agregar la importante presencia de mujeres trans, entre otros representantes del sector LGTBIQ; quienes entre todos lograron constituir una marcha de todas las sangres, como la novela de Arguedas.  ¿La presencia de tantas mujeres es un fenómeno nuevo o lo nuevo es recién darnos cuenta?

— Yo creo que la presencia de la mujer siempre ha estado en las marchas, yo tengo amigas que siempre han estado en las marchas. Las más aguerridas en el bloque hip-hop o incluso las mismas compañeras de los grupos feministas forman sus propios bloques. Sí creo que hubo una fuerte presencia de las compañeras, pero siempre han estado. Ahora, mejor organizadas, definitivamente sí. Mejor preparadas, sí. Pero siempre han estado.

Foto: El Txuz Perú.