Crisis

Por: Santiago Castañeda

Nunca me había percatado de lo rápido que crece la mata de enredadera de mi vecina, parece que se fuera apoderando de todo el balcón, de toda la casa y ella no se da ni por enterada. Así andan los pensamientos últimamente, enredados, en caos, como nubarrones que cierran el entendimiento, ruido estridente que no deja escuchar.

Pensar mucho no es comprender diría el abuelo, por eso el prefiere ir con mañita y con paciencia, cuidando las palabras del reguero de saliva innecesario, tal vez porque la crisis ya es una vieja conocida y lleva más de ocho décadas viendo alegrías y tristezas, y al final el ojo aprende a ver lo fundamental.

Crisis civilizatoria, económica, ecológica, política, sanitaria. Crisis, crisis, crisis, Es la que respira este mundo y retumba en los muros, y entonces aparecen profetas que anuncian la destrucción apocalíptica, tecnócratas que tienen la solución en recetas conocidas o algún empresario que le ordena al títere de turno salvar su economía.

Me siento, prendo el computador y trato de entender esta  tragicomedia, leo un par de artículos, me saturo de noticias y al final termino por entender muy poco, entonces me recrimino por no haber estudiado lo suficiente y no tener las herramientas analíticas para sacar conclusiones.

Pienso en los recibos, me lleno de ansiedad y pienso.

Respiro, miro a la ventana y veo el balcón de la vecina, mañana será otro día.