Mujeres libres en peligro de extinción: a 21 años de la declaración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Por: Laura María Arias Restrepo.

«Lo personal es político» Kate Millet.

Hasta noviembre de 2020[1], el Observatorio de Violencias contra la Mujer de la Fundación Feminicidios Colombia ha registrado 180 víctimas de feminicidio, de los cuales No Es Hora De Callar registró 99 mujeres y niñas víctimas entre el primero de enero hasta el 18 de junio de este año[2], es decir, en medio del confinamiento por la pandemia. Por eso, que yo esté escribiendo este artículo el día de hoy y que ustedes puedan leerlo no es un simple ejercicio, de hecho, es casi un milagro en medio de un contexto de violencia contra las mujeres como el que vivimos.

En este escrito voy a referirme a una realidad material que habitamos las mujeres y que es necesario reconocer e intervenir. Escribo conmemorando el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, queriendo recordar a todas aquellas que ya no están, pero especialmente como una acción política necesaria para defender nuestras vidas.

El 25 de noviembre de 1960, las hermanas dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, defensoras de la democracia, fueron brutalmente asesinadas en República Dominicana, luego de ser interceptadas por agentes del Servicio de Inteligencia Militar del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo.

En 1993, con base en estos hechos, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, definida como «todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada»[3].

¿De qué manera se ha naturalizado la violencia contra las mujeres? ¿Por qué nos parece normal atribuirles unas características específicas a las mujeres? ¿Qué ideal de mujer se ha construido socialmente? y, ¿cuáles son las causas o razones de las ideas que constituyen ese ideal?

Es importante reconocer que desde que los seres humanos llegamos al mundo somos atrapados por un entramado de relaciones sociales y, por tanto, de concepciones y valoraciones preconcebidas culturalmente.  Llegamos como criaturas que dependen del cuidado de otros para vivir. Lo cual, es a su vez, estar abiertos a integrar las costumbres y comportamientos de esos otros, quienes a partir de sus percepciones y construcciones deben enseñarnos el mundo, su funcionamiento y sus normas.

Histórica y socialmente las mujeres no hemos sido reconocidas en espacios públicos donde se pueda escuchar o leer nuestra voz, en la medida en que «naturalmente» se cree que hay unos espacios que le pertenecen a las mujeres, es decir, porque se nos atribuye unos roles con base en el sexo, como si este fuera lo que nos determinara a ser madres, esposas, novias, trabajadoras domésticas, y a estar destinadas sólo al ámbito privado sin posibilidades para incidir en las decisiones que nos afectan. Pregúntense a cuántas mujeres han leído en su vida, cuántas escritoras y pensadoras han estudiado.

Fueron necesarias muchísimas luchas feministas para que las mujeres pudiéramos hacer un proyecto de vida diferente. Por ejemplo, Olympe de Gouges, presentó la Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791, cuyo artículo X dice «La mujer que tiene el derecho de subir al cadalso, también debe tener el derecho a subir a la tribuna», y el 3 de septiembre de 1793 fue guillotinada.

El 8 de marzo de 1908, 129 mujeres que estaban en huelga en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, por exigir una reducción de la jornada laboral a 10 horas, un salario igual al de los hombres y mejores condiciones de trabajo, murieron en un incendio después de que el dueño de la fábrica ordenara cerrar el edificio para que ellas desistieran.

Culturalmente, la violencia contra las mujeres ha sido un asunto invisibilizado y justificado a partir de canciones, juegos, objetos, chistes, imágenes, etc. ¿Recuerdan ustedes la letra de canciones como esta?: «Arroz con leche, me quiero casar, con una señorita de la capital, que sepa coser, que sepa bailar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar» o también el juego de manos del que aún pueden verse registros en YouTube de niños y niñas cantando: «Don Federico mató a su mujer, la hizo picadilla y la puso en un sartén, la gente que pasaba sabía que apestaba, era la mujer de don Federico»[4].

Lo más impactante de las dos canciones anteriores es que las cantan en hogares infantiles o Centros de Desarrollo Infantil – CDI– convirtiéndose estos en lugares donde niñas y niños llegan a aprender y a recibir conocimientos que están reproduciendo y legitimando prácticas que limitan a las mujeres en sus posibilidades de ser y elegir, y que en últimas coartan su libertad.

Cifras y contexto de las violencias contra las mujeres

Según el informe Estudio Global de Homicidios 2019 (Vienna, 2019) publicado en julio de 2019 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, un total de 87.000 mujeres fueron asesinadas intencionalmente en 2017[5]. En América Latina una mujer es asesinada cada dos horas por el hecho de ser mujer[6]. En Colombia, entre enero y octubre de 2020 el Observatorio de Feminicidios Colombia registró 508 casos de mujeres víctimas de violencia feminicida[7], la cual es definida como la forma más extrema de violencia contra las mujeres; 4 de cada 10 asesinatos de mujeres (39,2%) fueron cometidos en la vivienda y 3 de cada 10 (31,4%) en la vía pública[8]. Además, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, una mujer es asesinada cada dos días y medio por su pareja o expareja. En Antioquia, cada día en promedio 11 mujeres sufren violencia sexual[9].

Cada mes se ha registrado un aumento de casos de violencias contra las mujeres y aún más en medio de la pandemia, esto sin contar con el subregistro debido a la falta de un sistema unificado de información y debido a que no siempre se denuncia, ya sea por temor o porque no se investiga de manera pronta y adecuada por parte del Estado o porque hay mucha complicidad de parte de la sociedad con respecto a este tipo de violencias al normalizarla, justificarla o guardar silencio.

Las cifras de violencias contra las mujeres presentadas de manera general seguramente no surten efecto en medio de un contexto de violencia como el que vivimos. Pero ¿cuál es la razón por la que dichas cifras resultan alarmantes?

El método utilizado para eliminar a las mujeres ha sido apuñalarlas, asfixiarlas y quemarlas[10], lo cual constituye feminicidio, delito tipificado por la Ley Rosa Elvira Cely o Ley de Feminicidio y definido como «causar la muerte de una mujer por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género» y que se encuentra en el artículo 104 A del Código Penal.

El feminicidio es la expresión más extrema de la violencia contra la mujer; se trata del «asesinato de mujeres por hombres motivados por el odio, el desprecio, el placer o la suposición de propiedad sobre las mujeres»[11]. Así, se diferencia del homicidio en tanto que este sería el asesinato de una mujer o de una niña sin importar las circunstancias de sexo.

Anteriormente, se decía que todo lo que afectaba a las mujeres debía ser resuelto en privado, que nadie podía intervenir en los problemas de pareja, aún cuando la vida de las mujeres estuviera en riesgo. Sin embargo, cabe recordar que desde el 2008 la violencia contra las mujeres es investigable de oficio según la Ley 1257, y en el 2012 se eliminó el carácter de conciliable y desistible de la violencia intrafamiliar con la Ley 1542. Esto quiere decir que una vez interpuesta la denuncia por la víctima o por un tercero ya no se puede retirar.

Como sociedad estamos en la obligación de denunciar ante las autoridades competentes[12] cualquier hecho de violencia contra las mujeres que conozcamos, de lo contrario estaríamos incurriendo en el delito de omisión de denuncia, tipificado por el Código Penal colombiano.

Para las mujeres salir a la calle solas es una odisea, casi siempre nos vemos expuestas a alguna situación de acoso, ya sea a través de los mal llamados «piropos» o a ser desaparecidas o asesinadas. Hace varios años, mientras iba caminando a mediodía, un hombre me manoseó entre los pantalones. Lo que más me espantó de este episodio fue ver que varias personas se rieron al verlo y no hicieron nada, mientras que yo balbuceaba un insulto en defensa propia[13]. ¿Qué les da el derecho a llamarnos o tocarnos sin nuestro consentimiento? No importa cómo estemos vestidas, no importa la hora a la que estemos fuera de casa, ninguna persona tiene derecho sobre nuestras vidas y ser mujeres no puede significar la negación de nuestra humanidad.

Duele despertarse y encontrarse con noticias de una mujer menos y duele más identificar las causas de su desaparición: por ser libres, por decidir, por pensar, por ser y por estar por fuera de la norma social. Hay un deseo de «tener» al otro como cosa, hay una exigencia constante que se le hace al otro de que sea conforme al ideal que se ha construido imaginariamente, que anula la diferencia y borra su singularidad; y un deseo por asegurar lo que es imposible: el amor del otro.

La violencia contra las mujeres desconoce que somos «seres abiertos a las posibilidades»

Jacques Lacan, psiquiatra y psicoanalista francés nos decía que «Nada falta en lo real», es decir, somos nosotros y nosotras quienes a partir de las interpretaciones que hacemos de la realidad decimos que le falta una u otra cosa, somos nosotros y nosotras quienes construimos un universo simbólico[14], pero a lo real nada le falta. Ante los ojos del patriarcado a una mujer le faltaría voluptuosidad, pero a la otra delicadeza, pero a la otra feminidad, etc. eso faltante ante los ojos del universo simbólico de la masculinidad ha puesto a las mujeres al servicio de los hombres.

Por eso Lacan también decía que «la mujer no existe», pues no hay una sola forma de ser mujer, y por ende existimos las mujeres, es decir, cada una con su singularidad y diversidad. El ideal de mujer madre, esposa, femenina, romántica, superpoderosa, etc. es un constructo social imaginario, inalcanzable, que pretende imponer a las mujeres una manera de ser a partir de creencias, visiones y percepciones del Otro[15] del patriarcado; ese constructo imaginario, por tanto, no es real y puede cambiarse en el devenir de la historia.

Hoy muchas hemos decidido romper con ese horizonte que nos trazó el patriarcado y al que muchas de nuestras ancestras estuvieron condenadas; hoy hemos decidido reconocernos seres humanos abiertos a las posibilidades, como diría Heidegger, y hacer un proyecto de vida propio.

«No se nace mujer, se llega a serlo» decía Simone de Beauvoir, y qué bello es poder entender lo que eso significa, saber que es con base en nuestro sexo interpretado por la ideología patriarcal que se nos oprime: nacemos con vagina y útero, hembras humanas, y el Otro del patriarcado, busca que devengamos dóciles, pasivas, inútiles; se nos oprime a partir del género que nos es impuesto, coartando nuestras posibilidades de ser en la apertura de las posibilidades humanas.

El género está basado en las construcciones sociales que asignan roles diferenciados con base en el sexo a hombres y mujeres, y supone que las mujeres emanan feminidad y los hombres masculinidad. De ahí parte la apuesta por eliminar el género como aquel que constituye la opresión sobre las mujeres, pero esto no equivale a desconocer que los hombres y las mujeres existimos, sino a reconocer que los hombres y las mujeres no somos esencias.

De otro lado, es importante tener presente que los mal llamados crímenes pasionales, en realidad son una forma de ejercer control sobre los cuerpos de las mujeres, ya sea por celos o por suponer «infidelidad». Con la Ley 599 de 200 se eliminó la figura del uxoricidio por adulterio que establecía una rebaja de la sanción penal en caso de infidelidad.

De igual forma, es fundamental que los medios de comunicación visibilicen que la violencia contra las mujeres no es un hecho aislado, sino sistemático, pues negarlo y señalar a los presuntos agresores como enfermos o justificarlos, es una manera de culpabilizar a las mujeres. Por el contrario, se debe hacer énfasis en los tipos de violencias, contextualizar los hechos y dar a conocer la legislación vigente y las líneas de atención en casos de violencias contra las mujeres.

A veces no puedo dormir tranquila porque es inevitable ver una noticia de una mujer brutalmente asesinada. Mujeres con una historia y proyectos que ya no serán porque así lo decidió un tercero ajeno a su vida. Cada vez que vean una noticia así, piensen que puede ser su madre, su hermana, su tía, su hija, su sobrina, su compañera, su amiga, su novia, su esposa, etc. ¿Qué podemos hacer desde ya para evitarlo?

Es importante que hablemos de estos temas en nuestras familias, en nuestros entornos, que comencemos a entender las formas en que nos hemos relacionado socialmente (las cuales no son inmutables) y cómo éstas han ayudado a reproducir los estereotipos de género y la violencia contra las mujeres, que los hombres sepan que tampoco hay una única forma de ser hombres y que la masculinidad y la feminidad no son propias de un sexo u otro.

Además, es urgente que el gobierno reconozca y declare la Emergencia Nacional por Violencia contra las Mujeres, lo cual facultaría al presidente para expedir decretos con fuerza de ley destinados exclusivamente a conjurar los efectos de la crisis humanitaria por violencia contra las mujeres y a impedir que sus efectos sigan extendiéndose.

Hay que insistir en que para que las mujeres podamos vivir una vida libre de violencias se requiere que el Estado tome medidas para prevenir, atender y protegernos de éstas y que todos los seres humanos, habitantes de este planeta, actuemos en favor de la defensa de la vida en todos los sentidos, interviniendo desde nuestros entornos, desde el arte, el trabajo, la escritura, la política; desde nuestros colectivos y organizaciones.

¿Dónde denunciar o buscar ayuda?

En caso de conocer hechos de violencia contra las mujeres o ser víctima de violencia como mujer, existen varias entidades y líneas de atención a las cuales se puede acudir:

Entidades:

  • Hospitales.
  • Comisarías de Familia.
  • Fiscalía, CAIVAS (Centro de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual), URI (Unidad de Reacción Inmediata).
  • Inspección de Policía.
  • Oficina de la autoridad de género de tu municipio.
  • Personería Municipal.
  • Casas de Justicia.

Líneas telefónicas, WhatsApp, correos y App:

  • Línea 155 – Línea nacional de atención gratuita a mujeres víctimas de violencia.
  • Línea 122 de la Fiscalía General de la Nación.
  • Línea 141 en caso de violencia intrafamiliar contra niños, niñas y adolescentes.
  • Línea 123 Mujer en el Área Metropolitana; en Antioquia se puede solicitar apoyo en Hogares de Protección a las líneas 300 894 66 61, 300 894 54 01 y 300 894 72 15 o al correo hogardeproteccion@cerfami.org.co; en Medellín a las líneas de WhatsApp 3214677071 y 3053192872.
  • En Rionegro la línea 3103009247 y 3103008721. A través de la aplicación Rionegro Seguro se puede comunicar con el Centro de Monitoreo y Control de la Alcaldía de Rionegro y reportar casos de violencia intrafamiliar.

De igual forma, es importante ubicar la autoridad de género del municipio.

Finalmente, existe una App llamada “Ellas” que cuenta con un botón de pánico y en la cual se pueden conocer tipos de violencias, rutas y líneas de atención.


[1] Hasta octubre de 2020 el Observatorio de Feminicidios Colombia registró 508 feminicidios en Colombia: https://observatoriofeminicidioscolombia.org/

[2] El Tiempo, 2020. Pandemia del feminicidio: 99 mujeres asesinadas en lo corrido del 2020. Recuperado de:

https://www.eltiempo.com/bogota/pandemia-del-feminicidio-99-mujeres-asesinadas-en-lo-corrido-del-2020-509910

[3] Artículo 1, Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (1993).

[4] YouTube, Don Federico. https://www.youtube.com/watch?v=OgL3Y0Qudus

[5] Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Estudio Global de Homicidios 2019 (Vienna, 2019).  Recuperado de: https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/gsh/Booklet_5.pdf

[6] France24, 2020. https://www.france24.com/es/20200303-dia-de-la-mujer-feminicidios-latinoamericano-violencia-genero

[7] Observatorio Feminicidios Colombia, Vivas nos queremos. Boletín nacional, Colombia (octubre 2020). Recuperado de:

https://observatoriofeminicidioscolombia.org/attachments/article/438/Bolet%C3%ADn%20Vivas%20Nos%20Queremos%20Agosto%202020.pdf

[8] ONU Mujeres, Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), y Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer (CPEM), 2020. Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia.

[9]https://mujeresantioquia.gov.co/sites/default/files/observatorio/boletines/boletines/boletin24-diacontraviolencia.pdf

[10] Observatorio Feminicidios Colombia. 2020. Recuperado de: https://observatoriofeminicidioscolombia.org/attachments/article/438/Bolet%C3%ADn%20Vivas%20Nos%20Queremos%20Agosto%202020.pdf

[11] Russell, Diana E. H. «Femicide: Politicizing the killing of females», en: VV.AA. Strengthening understanding of femicide. Washington, D.C.: PATH, MRC y WHO, 2008, p. 26-31. Recuperado de: https://www.path.org/publications/files/GVR_femicide_rpt.pdf

[12] Artículo 15, numeral 4 de la Ley 1257 de 2008.

[13] Testimonio personal de quien escribe este artículo.

[14] Zizek, Slavoj (comp.). Ideología. Un mapa de la cuestión. «El espectro de la ideología», p. 19. Fondo de Cultura Económica.

[15] Se pone en mayúsculas entendiendo que desde el psicoanálisis el “Otro” en mayúscula hace referencia al orden simbólico establecido que media la relación con el otro sujeto.

3 comentarios de “Mujeres libres en peligro de extinción: a 21 años de la declaración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

  1. Jaqueline Restrepo Pineda dice:

    Excelente artículo, con enfoque de género, ameno, con un recorrido histórico corto pero necesario para contextualizar lo q ha pasado y sigue pasando…con una pequeña revisión normativa q nos ubica y un@s cuánt@s autores q nos despierta el interés de revisar. Espero q se de continuidad a temas tan relevantes y necesarios en nuestra sociedad

  2. Daniela Cardona Gómez dice:

    Gracias por este tipo de publicaciones; nos permiten tener mayor conciencia de cómo funcionan las relaciones de género, de cómo éstas avalan la opresión de los hombres sobre las mujeres y de cómo, incluso, dicha forma de relacionamiento puede derivar en algo tan lamentable y doloroso como los feminicidios.

  3. María Cristina Echeverri E. dice:

    Que maravilla de trabajo Laura,felicitaciones; que bueno que pongas tu inteligencia para esta gran lucha.

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