Retomar los viajes de la memoria junto a personas con discapacidad, víctimas del conflicto armado en el Oriente antioqueño

Por: Ximena Cardona Ortiz y María Fabiola Sandoval Noreña*.

El proyecto “Ejercicio de memoria con las personas con discapacidad víctimas del conflicto armado de los municipios de San Francisco, Granada y San Carlos de la subregión del Oriente antioqueño, como una herramienta para la construcción de una educación para la paz”, fue realizado en el año 2017,  desde la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia con el programa de regionalización y el departamento de extensión, donde se buscó el acercamiento a unas  experiencias humanas, a unos cuerpos que de algún modo interpelan los patrones de la normalidad, en este caso las personas con discapacidad. Sumado a esto, se buscó reconstruir unas nuevas miradas; nuevas historias que tienen lugar y espacio en lo propio, en lo auténtico y en lo personal; abandonando por tanto tendencias totalizantes, girando la mirada hacia la materialidad de la palabra, las señas, los movimientos corporales y esas otras formas de hacer y contar la historia.

Tomamos camino hacia el Oriente de Antioquia, un viaje que tenía como ruta reconstruir los relatos de vida de las personas con discapacidad víctimas del conflicto armado pertenecientes a organizaciones de los municipios de San Carlos, San Francisco y Granada de la subregión del Oriente a través de un ejercicio de memoria histórica como contribución a la construcción de una educación para la paz, en territorios reconocidos a nivel nacional por una fuerte presencia del conflicto armado.

Para nosotras el hecho de viajar significó siempre recorrer un espacio y un tiempo diferentes a los que habitamos. De acuerdo con ello, este proyecto implicó un viaje, una travesía por la palabra, el recuerdo, los espacios, los tiempos, las historias; es así como el viaje fue la metáfora que bordeó este camino. 

Para llegar a estos espacios fue importante reconocer que como colombianas compartimos una misma historia y aunque habitamos diferentes territorios, nos atraviesa un pasado similar en la violencia: las muertes, el dolor, el despojo, el miedo, la desconfianza. Traíamos al presente memorias familiares de la desaparición de abuelos y tíos que dejaron su recuerdo congelado en el tiempo, de los que aún esperan la llegada en cuerpos, cenizas o algún rastro que permita hacer un duelo. Persisten sus ausencias. 

Estos municipios, reconocidos en el país por haber tenido una fuerte presencia del conflicto armado, nos acogieron y se dispusieron a soñar otros mundos posibles, a hacer aportes para desandar la guerra y caminar la paz; más allá de relatar sus historias marcadas por el dolor y la crudeza del conflicto, el propósito, siempre fue poder reconocer lo que transitan nuestros cuerpos: soñar y poder co-construir nuevas ideas, nuevos caminos hacia la paz.

Los sujetos con quienes se emprendió el viaje y quienes hicieron posible que este se materializara, fueron las personas con discapacidad víctimas del conflicto armado de estos municipios, quienes históricamente han sido sometidos a diferentes formas de invisibilización, silenciamiento, opresión y subalternización. 

Por una parte, en lo que refiere a las autopercepciones de las personas con discapacidad, persiste el modelo religioso o de prescindencia; en el que las personas se entienden desde la victimización y refuerzan la mirada asistencial que se pueda tener sobre ellos, lo que nos hace preguntar acerca de las narrativas que nos atraviesan desde la familia, instituciones y medios de comunicación sobre la existencia de estas otras formas de ser y estar.  También se puede ver el modelo social o de derechos en algunos de sus relatos; allí, ellos reconocen que son parte de la comunidad y que pueden aportar a las apuestas que desde las diferentes instancias del municipio se han desarrollado. Sin embargo, continúan siendo acciones sujetas a discursos, prácticas que dependen de narrativas dominantes; que cuestionan nuestros lugares como maestras y el de los medios de comunicación como escenarios para darle giro a estas concepciones, gestos y lenguajes, reconociendo la presencia de sujetos de enunciación. que además pueden poner en cuestión las acciones posibles como sujetos de agencia. 

De otro lado, también se pudo evidenciar que, tanto la condición de discapacidad como la de víctima, se siguen entendiendo de manera aislada y en muchos casos una puede primar sobre la otra al momento de reclamar garantías frente al Estado; permitiendo hablar del sujeto, el colectivo y las interseccionalidades a pensar otras posibilidades. Es así como en ese tránsito hacia nuevas comprensiones, persiste el deseo de tejer una relación de complementariedad y sinergia, que invite a la transformación, y permita pensar una alteridad que reconfigure las nociones de poder y regrese incesantemente a lo que es común, colectivo, comunitario, que además reconozca las diferentes intersecciones que pueden confluir en cada una de nosotras.

En lo que se refiere a la escuela, de acuerdo con los relatos, esta se convierte en un escenario de múltiples tensiones relacionadas con la deserción. Por un lado, se señalan algunas formas vinculadas con el conflicto armado expresadas en el desplazamiento, que proponen ciertas itinerancias en la participación y permanencia en el proceso educativo. Por otro lado, la discapacidad misma está provocando formas de abandono, sin indicar otras formas de educaciones posibles que se generan fuera del espacio institucionalizado.

De acuerdo con lo anterior, es importante considerar la escuela como institución social, acompañarla en la construcción de un carácter endógeno y exógeno; el primero que le permita reconocerse, reconfigurarse, elaborar sus sentidos y significaciones; y el segundo, que le permita abrirse al mundo, entrar en comunicación con esas otras educaciones y que sus prácticas hablen de los intereses comunes, comunitarios y colectivos.

Para finalizar, observamos la importancia de los relatos, ya que permiten soñar con la reconstrucción de los tejidos fragmentados por el conflicto y adquieren sentido en tanto que posibilitan la gestación de contrarelatos, entendiendo estos últimos como formas de resistir, de interpelar, de abrazar, de nombrarse, reconocerse y proponer nuevos caminos hacia la construcción de paz; a través de estos viajes de las memorias.

Para seguir pensándonos: 

  • ¿Cómo ha sido entendida la discapacidad en el marco del conflicto armado colombiano?
  • ¿Cómo se articula la educación en los procesos formales e informales de reconstrucción de víctimas del conflicto de manera colectiva? 
  • ¿Cómo construir junto a las personas con discapacidad víctimas del conflicto armado, en los procesos de reconstrucción de memoria?
  • ¿Cómo generar espacios de participación y reparación integral de las víctimas con discapacidad?
  • ¿Cómo desde la institucionalidad se pueden visibilizar los procesos de reconstrucción de memoria de las personas con discapacidad?
  • ¿Cómo desde las comunidades y organizaciones de base se puede trabajar junto a las personas con discapacidad? 

*El equipo de trabajo para esta investigación estuvo conformado por Alexander Yarza, Elizabeth Ortega, María Antonia Orrego, María Fabiola Sandoval y Ximena Cardona. Haz clic aquí para mayor información.