Las aguas: venas de nuestro territorio

Por: Mariana Álvarez L.

Relacionar los cuerpos con los territorios es algo que va más allá de cortas analogías. En la pureza de la interconectividad de las cosas, literalmente lo que le pasa a la tierra le está pasando a un cuerpo, a nuestros cuerpos. Si recordamos la cadena universal de los seres, más allá de las dominaciones que imponen y resaltan los sistemas y sus prácticas extractivas, es más que urgente e importante prestar atención a todo aquello que le sucede a la tierra, a las aguas, a las otras tantas y diversas especies. Somos porque hay otrxs más que también son, no es solo la denominación fija de los ecosistemas, esencialmente de la vida. Como ley universal: somos causa y consecuencia; en palabras del proverbio árabe: eres lo que comes. Eres el alimento que comes, el aire que respiras, el agua que tomas, el fuego que habitas.

Esta última comparación me sirve para decir que de no ser por el fuego que habita en los corazones de las comunidades del Oriente, esta subregión hace años estaría comiéndose su propia cola. Aquí el ouroboro se expresa en el repetido intento de explotación del territorio, el interés económico de grandes empresas y la ingenuidad de las instituciones que creen poder tomar decisiones mayoritarias sin contar con la experiencia, la opinión y entonces el grito de las gentes. Tantas veces y repetidamente como esto suceda las comunidades siguen estando al pie de las decisiones para dejar en claro que ni este ni otro territorio puede ser gobernado y proyectado sin el sentir y el anhelo de sus propios habitantes. Tal y como se gritó el pasado viernes 23 de octubre, frente a las oficinas de la Corporación Autónoma Regional de las cuencas del río Negro y Nare – Cornare, en el marco de la apertura del XII Festival del agua: NUNCA MÁS UN ORIENTE SIN SU GENTE. 

Movilización social en el marco del XII Festival del Agua. Cortesía: @isabela_zg

Para las décadas de los 60, 70 y 80, se instalaron megaproyectos en la subregión por parte del Estado con el auspicio del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo -BID; uno de los más reconocidos e insubsanables hasta ahora, fue la realización del embalse Peñol-Guatapé, por Empresas Públicas de Medellín, en el año 1972. Para los 80 y 90, nace el Movimiento Cívico del Oriente como consecuencia del desacuerdo de los habitantes por una proyección territorial que desconocía su sentir y que no beneficiaba al territorio, ni a sus gentes; un rechazo especialmente por las altas tarifas en los servicios públicos domiciliarios y la instalación de proyectos hidroeléctricos (recordemos que es el Oriente antioqueño la subregión que produce aproximadamente el 40% de la energía en el país).

A la par, mientras se defendía el territorio de un modelo extractivista imperante e impositivo, se disputaba la vida en uno de los contextos del país donde de manera fuerte y precisa hicieron presencia diferentes grupos armados, entre guerrillas, paramilitares y militares. La guerra y el reconocimiento de liderazgos sociales desencadenó en el exterminio del Movimiento Cívico del Oriente, haciéndose así más fuerte la presencia de proyectos extractivos en el territorio, de privatización del agua y el arrebato de la vida.

En los años 2005, 2007, diferentes discusiones se dieron entre las comunidades del Oriente, alrededor de la soberanía alimentaria, la defensa del territorio y los servicios públicos domiciliarios. Fue en el 2007 cuando se realizó el primer Foro energético del Oriente antioqueño, que incitó en el 2009 la instalación de la mesa energética en el Oriente antioqueño, ejecutando así El 1er encuentro departamental de servicios públicos y pobreza, que se reconoce como el primer festival del agua, realizado en el municipio de El Peñol. Desde entonces, anualmente se llevaron a cabo diferentes acciones y encuentros en el marco de la defensa del territorio, razón por la que en el año 2013 se funda el MOVETE como Movimiento social por la Vida y la defensa del Territorio, permitiendo que de manera consecutiva, hasta el presente año, el Festival del agua sea la oportunidad de repensar y sentir el territorio por voz y mirada de sus habitantes, en diálogo con las comunidades campesinas, las juventudes y quienes fueron testigos materiales del trajinar histórico del territorio. 

Recorrido territorial en San Rafael en el marco del XII Festival del Agua. Fuente: Enfoque de Oriente

Con la idea de que las organizaciones sociales, movimientos de base y la comunidad en general han asumido su responsabilidad en favor de la defensa del territorio y sus bienes comunes, es importante insistir en la reflexión profunda a la que se ha escalado por años, retornando al reconocimiento arrebatado en una tras otra conquista: somos parte de la naturaleza, no dominantes de ella. Bajo el eslogan Las aguas: venas de nuestro territorio, el Movimiento social por la vida y la defensa del territorio, en celebración de la décimo segunda versión del Festival y en articulación con los habitantes de los diferentes municipios, insisten en el reclamo por la defensa de las aguas y la lucha imperante por los ríos libres. ¡Ríos para la vida, no para la muerte! Este año, con la alteración de lo cotidiano y las formas comunes de hacer las cosas, el Festival no se concentra por dos o tres días en un solo lugar, se despliega en semanas, y camina las montañas, las cuencas y nacimientos de los ríos alrededor de las historias y los pasos de quienes han crecido de la tierra y han visto brotar las semillas que hoy constituyen la dignidad de los pueblos. 

En la actualidad, según la información pública que condensa el sitio web de Cornare, el Oriente antioqueño tiene 26 concesiones de Pequeñas Centrales Hidroeléctricas, 10 concesiones de agua para proyectos de generación, 64 registros y licencias para explotación minera, y 14 solicitudes para permisos de estudio. Aunque es importante mencionar que es posible que la información allí recopilada merezca actualización. ¡Quién lo diría! que la entidad nacida al calor de la defensa del territorio es una institución desvinculada de la reivindicación social y por la vida que expresan las comunidades. El hombre por naturaleza, es la frase que acompaña cada relato y presentación corporativa, es el protocolo en cada espacio informativo de Cornare; espacios que se confunden de manera incomprensible con los mecanismos de participación e incluso de socialización que dicta la norma que tanto predican, y que es derecho reinante para las comunidades. 

Movilización social en el marco del XII Festival del Agua. Cortesía: @luishurtadom

El último fin de semana de octubre, por ejemplo, se llevó a cabo la acción del Festival en el municipio de San Rafael. Diferentes colectivas y en sí, lxs asistentes a este espacio de defensa, unieron esfuerzos para recopilar lo que fueron 123 derechos de petición firmados que fueron entregados a Cornare el pasado 3 de noviembre, solicitando que la audiencia pública del Proyecto de la PCH en el río Churimo se realice de manera presencial, con la participación de las comunidades, y no de forma virtual como está proyectada, lo que deja en evidencia la despreocupación porque las comunidades participen y de manera activa habiten un escenario de discusión, desconociendo de igual manera la posible dificultad de acceso y manejo de las plataformas. Finalmente, vulnerando un escenario de participación importante para las personas y entonces para el río. 

Son tiempos, sin duda, en los que hay que insistir en los espacios colectivos que defienden la vida a toda costa, resaltando que la naturaleza del hombre no es el interés económico o la explotación del territorio como creen muchos que es. Queda claro que en nuestros contextos, en el país, a la vuelta de la esquina y de nuestros ríos, la pandemia es otra y es aún más grande. Encuartelar el pensamiento y vetar la participación de las comunidades en espacios de discusión, aprovechándose de las circunstancias que proponen estos tiempos, es un claro reflejo del temor que tienen a las gentes organizadas, a la experiencia de las comunidades, a la sabiduría de los y las campesinas, a las claridades de la ruralidad y al fuego que habita en quienes defendemos nuestros bienes comunes.

El territorio es un cuerpo que somatiza lo que le pasa al mundo. La medicina occidental es un disfraz y entonces la metáfora como consecuencia de lo que nos arrebatan todos los días: aquella medicina ancestral que nos hace longevas mientras libera las aguas: las venas de nuestros territorios. A veces, parece que Cornare, en representación de quienes administran los territorios, son como aquellos doctores que después de saber que nuestras arterias se están taponando, nos consuelan escuchándonos en consulta -o en mesas de conversación- para luego darnos el remedio que cumpla la acción en tránsito, nos recomiendan reposo, una vida sedentaria, sumisa y en silencio. Después no volvemos a consulta porque las arterias taponadas impiden que la sangre llegue al corazón (que las aguas fluyan en su propio cauce). Nos dan por muertas.

La gente del Oriente se sigue moviendo, como en los paros cívicos ¡Nos movemos otra vez! Por la defensa del agua, de la vida y del territorio. ¡MOVETE PUES!

Río Churimo, San Rafael. Fuente: Enfoque de Oriente.