N.N

Por: Fabián Gil Osorio

En palabras de Alfredo Molano “el camino que recorre un muerto N.N. hasta convertirse en cenizas anónimas, lo convierte muy probablemente en habitante anónimo”. Las siglas N.N. refieren a nomen nescio o ningún nombre; En medicina legal los cuerpos que no son reconocidos son nombrados de esta manera.

La configuración de la presente obra, se da en un proceso de investigación durante varios meses, revisando archivos de los registros fotográficos de los N.N., dibujando y acompañando los análisis forenses de diferentes cuerpos en medicina legal del municipio de Rionegro Antioquia. Se inicia indagando sobre el lugar de origen de muchos de estos, los cuales aparecen registrados presuntamente como procedentes de las disputas territoriales en la cordillera central, entre los municipios de Toledo, Ituango, Yarumal, Briceño y San Andrés de Cuerquia en el departamento de Antioquia, en los cuales participan diferentes grupos armados, siendo este uno de los corredores más estratégicos en la geografía colombiana para el transporte de droga y negocios ilícitos.

En esta cordillera se realizaron recorridos etnográficos registrando por medio de fotografías, relatos y dibujos, algunas de las memorias de los cuerpos desaparecidos en el territorio; como trabajo de campo, se transitó por una montaña boscosa conocida en la zona por los lugareños como un lugar de fosas comunes, realizando muestreos de tierra y cenizas de algunas quemas durante los meses abril y agosto de 2018.

Las cenizas se toman como metáfora del cuerpo y su condición etérea, al igual que se relacionan con el paso del tiempo en medicina legal, donde el cuerpo es transitado de diferentes formas desde la limpieza, hasta la preparación e investigación, buscando que este no sea registrado directamente como un nomen nescio.

Como referencia directa de medicina legal se toma una pesa, que carga en si misma sus implicaciones simbólicas, utilitarias, históricas, culturales y políticas, para hacer una reinvención creativa, en la cual los órganos humanos son remplazados por cenizas de la montaña, material etéreo perteneciente al paisaje natural que aún se encuentra en disputa territorial; además de dos relojes que se mueven en ambos sentidos, estos presentan el tiempo como material constituyente del pasado y del presente; de esta manera se disponen dos tiempos simultáneos que refieren a la historia de nuestro país y la transición de los cuerpos sin nombre por dos contextos, medicina legal y los campos de disputa en el conflicto armado colombiano.

Esta composición simbólica invita a detener la mirada en el pasado y en el presente, sobre los acontecimientos violentos del territorio, las formas de relacionarnos en él y la cultura de la muerte que se ha instaurado, no como un imaginario colectivo sino desde una realidad que nos transita a todos.

Es pertinente revisarnos como sociedad y preguntarnos, ¿qué nos pasó para hacer de nuestro paisaje una geografía del dolor?, como también es importante reconocer que cuando se hace presente un cuerpo que fue nombrado y que ahora transita los espacios sin nombre, genera una fractura simbólica en la identidad de un pueblo y de una comunidad.