Por: Edwin Arley Echeverri.

Acaso no tiene arte el labrar la tierra, mirar el atardecer y disfrutar de un buen café, acaso no tiene la embera en su rostro arte, con pigmentos minerales que posa en sus mejillas para representar su historia y tradición.  El arte en mi concepción del mundo eleva al alma, trastoca los sentidos, transborda la mente a otro tiempo, otro espacio donde habita la obra y el sujeto. 

¿Qué fuese del mundo si no existieran campesinos, amantes y profetas?; ¿qué fuera de nosotros?, no tendríamos la oportunidad de contemplar el dorado de los campos del trigo y el verde del aguacate, no sentiríamos la necesidad de escribir a la amada o componer canciones desesperadas al amor, ¿qué fuese de nuestro existir sin esos profetas llamados artistas?, viajeros del tiempo que plasman su mensaje en lienzos, muros, madera, instrumentos  y hojas, viajeros que dejan un fragmento de ellos para ser compartido al mundo, déjeme decirle amigo artista que usted se arma de empatía y coraje, para compartir una parte de su ser. 

Entre montañas, en una ciudad llamada Rionegro (Antioquia) catalogada como la cuna de la libertad, nacen semillas que han formado raíces, raíces que dan vida a la tierra, tierra que nos provee de un sinfín de frutos, frutos que salen de tallos fértiles, tallos que sostienen nidos donde reposa la golondrina y anida el barranquero, barranquero que deslumbra con su cola, cola que mueve como péndulo y detiene al observador lo introduce en un trance, soltándolo en su aleteo.

En esta tierra, iluminada por los rayos del Oriente, nacen orquídeas, jazmines y aves del paraíso, nacen artistas plásticos como Juan Manuel Guiral, que con materiales metálicos realiza un homenaje a los zapateros, este homenaje se encuentra ubicada a una cuadra del parque de Rionegro, por la calle de la zapatería con carrera 50, nacen también grandes caricaturistas como lo es el maestro Ricardo Rendón Bravo y Luis Fernando Hincapié que nos proporcionaron aproximadamente 202 obras en estos tiempos de pandemia, pintores como Luis Fernando Zapata y su amor por la historia que se refleja en sus pinturas, además de esto, en mi ciudad nace un colectivo llamado buena siembra, un grupo de personas, del cual, tengo la fortuna de conversar con uno de sus participantes, Andrés Felipe Ospina, quien nos cuenta sobre la obra “Micelios” y la importancias de los símbolos con el territorio, esta obra se encuentra ubicada por la zona industrial de Rionegro, y cuenta con un recorrido de 850 metros cuadrados, en mi parecer estas obras muestran el desarrollo cultural del municipio de Rionegro, llenando las escuelas, parques, calles y esquinas de buen arte, arte que se fortalece de horas de estudio y trabajo, trabajo que refleja un gran amor por la vida, salvaje, silvestre y natural. Recordar quisiera para terminar, que el arte debe ser apoyado desde todas las entidades estatales y en todos sus ámbitos de manifestación, si deseamos que nuestra ciudad tenga un verdadero cambio, necesitamos invertir en la cultura, pensando en los niños, jóvenes y adultos, para que en vez de armas de fuego puedan empuñar lápices, pinceles e instrumentos musicales.