Olvidados y marginados en la historia de Rionegro

“Creo que una enorme cantidad de la historiografía existente… ha considerado la sociedad bajo el punto de vista de las expectativas, la autoimagen y los apologistas de una clase dominante: «la propaganda de los vencedores». Así, pues, recuperar una historia alternativa supone a menudo entrar en polémica con la ideología establecida”. E. P. Thompson

Por: Grupo de investigación de Historia de Rionegro.

El pasado no solo fue escenario de grandes personajes y acontecimientos, sino también la trama en la que tuvieron lugar sucesos no monumentales y experiencias cotidianas de sujetos y colectividades sin gloria, pero con historia. De allí que actualmente se plantee la necesidad constante de revalorar lo que se ha contado, decir lo que no se ha dicho e incluir en la narración de los procesos históricos otras gentes y otros hechos. Para el caso de Rionegro, esto permitiría dar luces al entendimiento de la historia local desde los diferentes grupos y actores que conformaban las sociedades de los múltiples momentos del pasado, así como mostrar que no solo las grandes batallas, los héroes y los acontecimientos más renombrados constituyen la historia.

Para repensar el pasado de la localidad es preciso sacar del olvido a quienes la historia rionegrera suele desconocer: jornaleros, tenderas, indios, negros, mujeres, niños, vagos, locos, artesanos, jóvenes, criminales, jugadores, borrachos, asesinos e, incluso, animales. La incorporación de estos sujetos históricos a la narración del pasado sugiere un cambio de perspectiva, en el que “los de abajo”, los no visibilizados, toman protagonismo. Este artículo pretende mostrar brevemente algo de lo que se acaba de sugerir: una historia desde abajo que toca lo sociopolítico, lo cultural y lo económico.

Los primeros en este relato son los perros, quienes a simple vista parecerían solamente relevantes para las personas en el ámbito privado. Sin embargo, finalizando el periodo colonial jugaron un papel protagónico en la vida política y social de la población. Desde la década de 1780, los jueces de los sitios de Llanogrande y Rionegro advertían a las personas que los perros debían permanecer amarrados o vigilados en sus propiedades, puesto que molestaban el ganado, se comían los sembrados de los vecinos y dañaban el maíz. Y durante esta década y las siguientes, las justicias se quejaban de que impedían “las pesquisas o rondas secretas que hacen los zelozos ministros en desempeño de su obligazion”(ad hoc), ya que ladraban y hacían ruido cuando jueces y alguaciles pretendían sorprender a criminales e infractores.

Las autoridades de Rionegro ordenaron constantemente matar a los perros, pues era una medida para regular el alto número que había y, adicionalmente, como estrategia para prevenir los casos por contagio de rabia. Lo que hoy puede resolverse a través de una castración o una cirugía que les impida tener crías, en aquella época se solventaba ahorcándolos, degollándolos o bien matándolos de otras violentas maneras. Sin embargo, durante todos estos años también hubo quien protegiera los perros. En 1786, por ejemplo, el visitador y gobernador de Antioquia Juan Antonio Mon y Velarde señaló a las autoridades de la localidad que estos también servían para el recreo, la caza deportiva, como espías y atalayas para impedir robos y a la vez para la seguridad de edificios. Por eso, ordenó moderar las medidas que dictaban su extinción y evaluar cuáles debían permanecer en servicio de sus amos y la seguridad de la población.

Otro grupo social al que no se le ha prestado la suficiente atención han sido las mujeres. Los estudios que abordan el tema son pocos, limitados y continúan siendo parte de esa otra historia secundaria y marginal de la narración oficial del Municipio, salvo casos aislados, como el de Javiera Londoño. Una forma para entender algunos cambios en los roles adjudicados a la mujer entre los siglos XIX y XX es analizar las instituciones creadas para su educación y los sectores en los que se desempeñaron laboralmente, permitiendo a muchas de ellas desenvolverse por fuera del hogar y el ámbito doméstico.

Gabriel Carvajal Pérez, “Pepalfa, empresa textil”, Rionegro, 1967.
Fuente: Biblioteca Pública Piloto, Archivo Fotográfico, BPP-F-016-0111.

En este sentido, la formación primaria y secundaria en espacios como el Instituto Femenino (1847), el Instituto de María (1888) y la Escuela Normal Superior de Señoritas (1901) permitió a algunas mujeres educarse y trabajar como maestras y pedagogas durante los siglos XIX y XX. Adicionalmente, mujeres como Olivia Sanín, Mercedes Ospina, Carmen Villa, Luisa Betancur, Isabel Álvarez, Tulia Uribe, entre otras, ocuparon espacios en la música, no solamente en la ejecución de instrumentos sino también como instructoras. Ya en el siglo XX, Baldomero Sanín Cano advertía a la sociedad de su época sobre la importancia de la mujer en la economía pública, pues sobre ellas descansaba en buena medida la confección y el bordado de los vestidos que usaba gran parte de la población. Asimismo, nada se sabe sobre los nombres y la vida de lavanderas, trabajadoras sexuales, locas y otras mujeres que hicieron y han hecho parte del espacio público rionegrero.

Las hermanas Echeverri en la verja de Virgen, Escuela de Yarumal.
Archivo personal. Compartido en Fotos Antiguas de Rionegro.

Así como las mujeres, el conocimiento histórico sobre la juventud en el Municipio es muy limitado, y más teniendo en cuenta su participación en múltiples procesos históricos desde la colonia hasta la actualidad. Aunque su definición como grupo y categoría sociológica sea reciente, es innegable que este sector de la población ha sido determinante desde siempre en el pasado rionegrero, más allá de las guerras. Para junio de 1948, por ejemplo, existía un sencillo grupo que se denominaba “Comité de Juventudes Liberales de la tierra de los Córdobas y Bravo”, sociedad conformada por cuatro personas: un presidente, un secretario y dos miembros. El 14 de junio, sus integrantes redactaron un artículo para el periódico El Diario, en el cual apoyaban a su director y lo comparan con Jorge Eliécer Gaitán, asesinado poco más de dos meses atrás, ya que ambos eran apoyo del pueblo: uno con su oratoria desde las plazas públicas y otro con la tinta desde la prensa. Asimismo, estos jóvenes rechazaban el periódico El Colombiano por su conservadurismo y deseaban el restablecimiento del Partido Liberal en la presidencia del país. Por último, como clara muestra de la efervescencia de la época, este Comité denunciaba la persecución a obreros y campesinos liberales, y respaldaba la vapulación a alcaldes y cleros conservadores.

La historia de estos “otros” podrá ayudar a comprender mejor las dinámicas sociales de la localidad, abriendo el camino a investigaciones relacionadas con la vida privada, la vida cotidiana, la historia de los animales, la historia de las mujeres, entre muchos otros temas que en Colombia han comenzado a ser foco de estudio en las últimas décadas. Finalmente, invitamos a repensar el pasado del Municipio visibilizando diversas experiencias de estos grupos en el tiempo, con el propósito de ampliar las representaciones e interpretaciones de la historia de Rionegro.

Gabriel Carvajal Pérez, [Plaza de Rionegro], s.f. 
Biblioteca Pública Piloto, Archivo Fotográfico, BPP-F-018-0163

Fuentes:

– Archivo Histórico de Rionegro, fondo Gobierno.

– Clemente López Lozano, Rionegro. Narraciones sobre su historia. Medellín. Editorial Granamerica, 1967.

– El Diario Vespertino Independiente, 18 de junio de 1948.